El domingo pasado, el diario Última Hora publicaba una encuesta sobre los resultados de las elecciones en Baleares, que si no hay nada nuevo se celebrarán dentro de un año. El vaticinio era que el PP y Vox podrán reeditar su gobierno conjunto, y que además lo harían con una mayoría reforzada: el PP tendría un aumento importante, de 25 a 28 escaños (cerca de la mayoría absoluta, que en Baleares es de 30 diputados), y Vox subiría un escaño y se quedaría con 9, frente a los 8 que tiene ahora. La izquierda ecosoberanista de Més per Mallorca se mantendría en los 4 escaños, Més per Menorca subiría de 2 a 3 escaños y Gent per Formentera perdería su escaño actual. Pero el que se llevaría la gran derrota sería el PSOE, que ya ha anunciado que no tendrá como candidata a Francina Armengol y que acusa el desgaste de los socialistas a escala estatal: caería de los 18 diputados actuales a 14. Como se suele decir, es solo una encuesta, pero todo indica que la reválida de la victoria de la derecha extrema y la extrema derecha es cosa cantada en Baleares.Naturalmente, los agraciados por los vientos demoscópicos salieron de inmediato a sacar pecho, como recoge el Ara Balears. Con su peculiar manera de expresarse, el portavoz del Partido Popular, Sebastià Sagreras, presumía que “solo hay dos escenarios posibles, uno en que el PP está cerca de la mayoría absoluta y otro en que acariciaría la mayoría absoluta, pero aún tendría que llegar a acuerdos”. Sagreras no se da cuenta de que, en los dos escenarios, dice la misma cosa. Sin embargo, nadie le quita su mayor satisfacción: “El PSIB [siglas del PSOE en las Islas Baleares] está hundido”. Muy bien, Sagreras.Más inquietante es la valoración que hace de la encuesta la portavoz de Vox en el Parlament de Baleares, Manuela Cañadas, que se admira y se aplaude de las cosas que su partido “ha conseguido” a base de hacer pasar al Partido Popular por su disciplina de socios/no socios. A saber: “La derogación de la ley de memoria democrática, la desprotección del suelo rústico y urbano para poder construir más, y la imposición de la prioridad nacional para acceder a ayudas sociales”. Dicho de otra manera: negacionismo fascista, especulación inmobiliaria salvaje y llevada a las últimas consecuencias, y racismo institucionalizado. Son grandes avances, en efecto. Cañadas se descuidó, porque debe darlo por descontado, un ataque frontal y constante contra la lengua catalana y la escuela pública, que el PP ha llevado a cabo aplicadamente desde las instituciones de autogobierno.Ahora, pero, el mismo PP de Baleares dice que da por cumplidos los compromisos adquiridos con Vox para poder aprobar los presupuestos, y que piensan desmarcarse durante este año preelectoral. Comentario en Ara Balears de una fuente de Vox: “Se quieren hacer los moderaditos de centro ahora que acaba la legislatura, pero es mentira”. No se puede resumir mejor. Una conclusión tan esquemática como cierta: el PP seguirá vendiendo (y no le faltarán compradores) la idea de ser un partido de centroderecha liberal, moderado y reformista. La realidad es que es y seguirá siendo el socio sumiso de Vox. En Baleares y en todas partes.