El momento que el escritor la acierta

A veces un escritor está inmerso en una novela, ha planificado su estructura, ha trabajado los personajes y quizá ha escrito páginas y páginas. Pero en un momento dado –puede pasar un día cualquiera, incluso en uno de esos días que te sientes menos inspirado–, escribe una frase y justo después se da cuenta de que en esa frase “hay la novela”. Es un momento realmente glorioso que muy probablemente el autor celebrará con un grito, o abandonando la escritura y saliendo a pasear o saliendo al balcón a encender un cigarrillo, según el caso.

Estoy casi segura de que esto mismo es lo que experimentó el escritor italiano Sandro Veronesi cuando ya había escrito más de la mitad de su novela Septiembre negro (Edicions del Periscopi, con traducción de Pau Vidal).

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es una lectura tan ágil y emocionante como lo es para los protagonistas navegar con el velero Pues eso: en una novela que retrata este paso de la infancia a la adolescencia, hay un día que el autor, Sandro Veronesi, escribe este párrafo: “En realidad lo que empezó fue el abismo de la etapa esquizofrénica, la de las interferencias y las orejas derechas (y nunca más, nunca más, aquella formidable despreocupación)”.

Y después de este paréntesis, creo que Veronesi dejó de teclear e hizo alguna de las muestras que antes he dicho de satisfacción absoluta, quizá podríamos decir euforia.

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No había leído nunca una manera tan sencilla y exacta de describir el momento de cerrar la puerta a la infancia y entrar en este camino que empieza con la adolescencia y te lleva a la edad adulta. Nunca más volverás a sentir aquella formidable despreocupación. Quizá, si nos lo advirtieran justo en ese momento, nos negaríamos a crecer haciendo la última rabieta de criatura.

Setiembre negro es una lectura tan ágil y emocionante como lo es para los protagonistas navegar con el velero Tivatù a lo largo de la costa de Fiumetto. La novela avanza como lo hace el velero sobre el mar encabritado, saltando y salpicándonos y dejándonos empapados de repente. Por cierto, ¡qué placer este aluvión de términos marineros en catalán que Pau Vidal nos ofrece! Somos un país marinero y prácticamente no sabemos nada del léxico del mar. Qué tristeza.

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En Setiembre negro, Sandro Veronesi pone sus herramientas de gran narrador al servicio de una historia que empieza siendo pequeña –el primer amor de verano de un preadolescente– y acaba transformándose en un drama personal y familiar sobrecogedor. Y por si todo esto fuera poco, la novela acaba con un epílogo sorprendente y deslumbrador que lo acaba de redondear.