Editorial

Una economía que crece pero que hay que repartir bien

Gente paseando por La Rambla de Barcelona.
hace 21 min
3 min

BarcelonaQue la economía catalana y la española crecen es indudable. A escala macroeconómica, la evolución que mantiene el producto interior bruto (PIB) es positiva, especialmente si se compara con los países del entorno, que forman el club del euro. Ni la guerra en Irán, que ha tenido menos impacto del que se podía esperar, ha hecho bajar la economía de los primeros puestos en crecimiento.

En la carrera del volumen, las economías española y catalana continúan a la cabeza. Pero la cosa cambia cuando se trata de analizar la calidad de este crecimiento, es decir, el paso de la macro a la microeconomía, el punto en el que los ciudadanos notan los efectos en sus vidas cotidianas y bolsillos. Y una muestra es el hecho de que la Generalitat haya tenido que aumentar hasta los 40 años la edad de los potenciales beneficiarios de los créditos para poder acceder a la entrada de un préstamo para adquirir una vivienda.

Es un ejemplo de que uno de los elementos básicos de una economía desarrollada, la vivienda, cuyo derecho está recogido en el artículo 47 de la Constitución española, ha devenido un verdadero producto de lujo, una mercancía y una variable que no hace más que incrementar la desigualdad social.

Por una parte, alquilar en las grandes ciudades y sus áreas de influencia es casi imposible para una gran cantidad de ciudadanos, especialmente los jóvenes; y por otra, comprar el lugar donde vivir, a pesar de unas hipotecas con unas cuotas bajas y por debajo de los alquileres, topa con la barrera de la entrada, la parte que los bancos no financian, que supone alrededor del 20% de unos precios disparados.

Y a este factor de desigualdad se suman unos precios que, a pesar de la moderación reciente, continúan encontrándose por encima de los de hace un año. La tasa del 3,2% sigue siendo muy superior al 2% que el Banco Central Europeo (BCE) se marca como objetivo, y la que hay en el ámbito de la zona del euro, que es la que sirve para determinar la política monetaria, apunta hacia una próxima subida de los tipos de interés. Por eso, el Euríbor, la principal referencia para las hipotecas de interés variable, se encarece. Y el problema no es solo que suba la cuota de aquellos que ya tienen un préstamo de esta clase, sino que se eleva el precio de la oferta tanto de las variables como de las fijas, las más solicitadas actualmente, para aquellos que prevén pedir una.

Hacen falta, sin duda, medidas como las que promueve la Generalitat, pero muchas más, como la que el ejecutivo español consiguió aprobar y que ha frenado la subida del precio de los carburantes. Pero ahora en junio desaparece la reducción del IVA del recibo de la luz. Y esto puede suponer un nuevo golpe al bolsillo de los ciudadanos. A pesar de la judicialización y un contexto marcado por los diferentes casos en los tribunales, los partidos deberían dedicar más tiempo a las políticas que afectan al día a día de la gente en lugar de centrarse en disputas dialécticas. El clima para avanzar en políticas no es el más adecuado, ya que el PP descarta arriesgarse a una moción de censura y revelar cuáles son sus propuestas concretas; el gobierno se atrinchera sin tener atados los apoyos y sus socios piden elecciones con la boca pequeña. Pero la necesidad de que el crecimiento se reparta mejor lo requiere.

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