Movistar Papa2, Movistar Papa3
“Te puedes conectar a Movistar Papa2, a Movistar Papa3 o a Montserrat Wifi”, me explica una periodista del Regió 7. Son casi las once, todos los feligreses que han conseguido sitio, después de los trámites, para ver al Papa en Montserrat ya hace horas que están en el lugar asignado. Perimetrados –si me permitís la palabrota que se ha usado, todos estos días de papeleo– por vallas en diferentes recintos. Nosotros, los cronistas, estamos en una sala de prensa, en el edificio de mayordomía, con un balcón imponente que da a la plaza, con la montaña de fondo. Imposible mantener el ateísmo aquí.
"Gráficos abajo, tienen preferencia las cámaras. Media hora antes de que llegue no os podréis mover”, dice una encargada. “Yo soy de la radio nacional alemana. Necesito un rac de audio”, dice un joven. Él mismo, al oír un ensayo del Virolai, me preguntará “qué tema es”. Intento explicarle los conceptos “moreneta” y “morena de la serra”, y qué significó el himno, con letra de mossèn Cinto, durante el franquismo.
Pero estoy aquí desde primera hora. He subido en coche con una trabajadora del monasterio. Hemos pasado el registro de los Mossos y hemos cogido el cremallera de las siete y cuarto. A nuestro lado se ha sentado una doctora de Martorell, que ya había ido a ver al papa Francisco a Roma. En un cartel, junto a la ventana, el saludo del gobierno catalán al pontífice: “Hola, Papa”. Entiendo que sobre todo buscaban una palabra que sonara igual en catalán que en castellano, no fuera que alguien se ofendiera, y que por eso han evitado el lógico “Bienvenido a Cataluña”. “Hola, Papa” suena al saludo de un hijo cuando el progenitor llega a casa.
“Hay rumores de que viene en coche y se marcha en helicóptero”, explica Xesco Reverter en la conexión “de ambiente” para Melero. Núria Bacardit se prepara para hacer “un directo” para 3Cat.info. “Carlos, esto está a punto de empezar”, dice un cámara por teléfono. Afuera, los gritos, aplausos y muestras de entusiasmo de los feligreses son similares a los que pueden hacer los fans ante un músico, al cual otorgan, también, según cómo, una cierta cualidad sobrenatural. Y como en la música, quienes exteriorizan la emoción son las mujeres. Los gritos y los tirones de pelo serán siempre nuestros.
un retruécano que viene a sustituir aquel otro que hacía: Falta poco para la llegada, y un trabajador, con walkie-talkie colgado al cuello, nos da un papel con el discurso del Santo Padre y el del abad de Montserrat, “embargados”, que quiere decir que no los podemos publicar hasta que sean pronunciados. Afuera, el entusiasmo ya domina a los asistentes, que gritan: “¡Papa, León, molas mogollón!”, un pareado que viene a sustituir aquel otro que decía: “Juan Pablo, segundo, te quiere todo el mundo”. Lingüísticamente, el “Pablo” cuesta más de rimar que el “segundo”, y el “León” es mucho más fácil que el “catorce”. El catorce, en catalán, hace de muy, muy mal rimar, por culpa de aquel “¿Cuántos son siete y siete?” tan nuestro, que nos lleva siempre a la escatología. Un hombre de voz potente bramula: “¡Viva el Papa! ¡Viva la Virgen!” La exaltación colectiva de ahora, que tiene un necesario toque irracional, contrasta con el recogimiento de las primeras horas. “¡Sí, sí, sí!¡El papa ya está aquí!”, gritan unas chicas de colegios cristianos.
”. Hemos terminado de escribir. “Ha bendecido a muchos niños, ¿eh? –dice un compañero–. “Yo creo que titularé «El papa de los bebés»”.
“Virgen santísima, ora pro nobis”, canta el Papa (la, sol, la, si bemol, si bemol, sol, fa, sol, la, la). Y finalmente, el Virolai. El Papa canta, en catalán, leyendo de sus papeles en una carpeta blanca donde dice “Sant Rosari”. Y cuando las voces, afinadísimas, de los monaguillos llegan a “Il·lumineu la catalana terra...”, el Papa se alza y emprende la subida hasta la imagen de la Virgen María, ante la cual rezará (esta vez sin mover los labios). Entonces sale al balcón. Mossos d’esquadra, policías nacionales, periodistas, personal del monasterio... Todo el mundo graba.
“Hacia las dos, dos y diez, saldremos todos en bloque para coger el cremallera”, nos dice el jefe de prensa, una vez se ha acabado todo. En la camiseta que lleva, negra, leo: “Great things are coming”. Acabamos de escribir. “Ha bendecido muchos niños, ¿eh? –dice un compañero–. “Yo creo que titularé «El papa de los bebés»”.