No lo hagan el día de la mujer
Me escriben, amablemente, para invitarme a un programa especial del 8 de marzo como mujer escritora. "Compartirás mesa con muchas mujeres escritoras potentes como tú", me dicen, porque lo de "potente" es una pieza que te combina con todo. ¿Ser potente? Qué miedo. Me siento impotente.
El Día de la Mujer Trabajadora o Día Internacional de las Mujeres se realizan programas especiales donde hay sólo mujeres. Pero justamente esta práctica hace que la presencia de las mujeres en los sitios (medios de comunicación, carreras de montaña, peluquerías y narcopises) renuncie a ser una normalidad. Si a mí me invitan a una mesa de escritores cualquier día, esperaré a que haya escritores y escritoras, porque es un oficio —y hace ya varios años que lo practico— donde hay grandes obras hechas por hombres y mujeres. Sería muy raro que en una mesa literaria sólo hubiera hombres (quisiera decir que el presentador o presentadora es burro o burra). Y sería muy raro que sólo hubiera mujeres (quisiera decir que el presentador o presentadora es condescendiente).
A mí no me pongan en ninguna lista donde sólo haya escritoras. En el bar, en la playa, en el gimnasio y también entre los lectores quiero mezcla. No me entrevisten el Día de la Mujer: entrevístenme al día siguiente, y estaré muy, muy agradecida. No, no me ha costado más escribir ni tener lectores y lectoras (el anhelo de todos los que escribe) por ser mujer. Quizás por el hecho de escribir en lengua catalana, sí, pero con un poco más de esfuerzo hemos llegado al lugar que tienen los demás, los que escriben en lenguas normales. El otro día se celebró el concurso de mejor sumiller de Catalunya. Tres mujeres hicieron podio, en un concurso, naturalmente, mixto. Es relevante que ganen mujeres en un trabajo en el que siempre ha habido más hombres. Pero se las premió por ser las mejores, no por ser mujeres.