La inteligencia artificial, espolón de la inteligencia humana
11/03/2026
2 min

Es muy famoso que, al principio del cine, cuando se proyectabaLa llegada de un tren a la estacióny en la pantalla la locomotora se acercaba, los espectadores se levantaban asustados de la silla porque pensaban que el tren estaba a punto de embestirlos. Ahora mismo, en un chat, también somos incapaces de detectar si conversamos con un robot o un humano. Pero al igual que aprendimos a distinguir entre el tren real y el filmado, aprenderemos a separar la inteligencia artificial de la inteligencia.

Como escritor, necesito ir pensando de qué sitios me expulsará la IA, pero también qué puertas me abrirá. Según la visión pesimista, los creadores podríamos ir haciendo las maletas. Basta decirle a la IA que escriba una novela para ganar un premio literario y la escribirá y te podrá hacer ganar todos los premios literarios. Pero negros literarios ha habido siempre, siempre la inteligencia ha tenido que pelearse con el artificio, es decir con la mentira.

La mentira se distingue porque nace muerta. Venimos de una temporada larga de restricciones de libertad que ha tenido metas como la represión del 1-O o los excesos durante la pandemia. Llevamos décadas promoviendo la robotización y el empantallamiento, desmontando el humanismo y reemplazándolo por pantallas. El estado se ha expandido de la mano del capitalismo y el capitalismo de la mano del estado. Se han multiplicado la burocracia y los impuestos. Pero el hombre no sale de vivir enjaulado y acaba deprimido y sin futuro. A cambio de algún resquicio de libertad en internet, le hemos dejado entrar hasta la cocina de casa. Una vez dentro, ya se encarga sola de volver a tapar las rendijas.

Qué descanso, para el hombre, poner al piloto automático, darse la espalda a los valores morales y dejar que los robots sustituyeran al humanismo. Hemos vivido una época dorada de la irresponsabilidad y hoy para cualquier país sería un gran negocio ponerse a la vanguardia en la promoción del humanismo, una operación baratísima que sólo pediría querer domar las máquinas a nuestro favor. Acostumbrados a batallar contra la mentira, los catalanes partiríamos de gran ventaja.

De modo que vivo con esperanza de que finalmente los maestros y profesores se estén sublevando, porque la enseñanza está en el tuétano de esta cuestión. Soy circunstancialmente optimista y pienso que el humanismo (que a la fuerza es antitécnico, antiprogresista en el sentido ingenuo del término, antipapanatas, desfanatizado y, por tanto, libre) deberá venir a rescatarnos de una mecanización que la inteligencia artificial no hace sino culminar.

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