La frase de Von der Leyen hace estremecerse como el estruendo de la losa cubriendo la sepultura: "Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá". Patapam.
Hombre, siempre está bien que nos hablen claro (tampoco puede decirse que haya sido una sorpresa bomba), pero cuando una responsable política proclama con tanta rotundidad que un mundo ya no volverá, uno empieza a pensar que juega a la profecía autocumplida y que se acaba de sacar de encima unas cuantas responsabilidades de guardiana. Porque si ese mundo se ha ido, ella, ¿qué culpa tiene? Sea como fuere, la presidenta de la Comisión Europea nos hizo ver pasar una época de la historia con los pies por delante. Dicho con palabras de monologuista: "El derecho internacional ha muerto, Europa ha muerto y yo mismo no me encuentro especialmente bien esta mañana".
Si este mundo se ha ido, ¿cuál volverá? Es decir, si ya no se protegerá el derecho internacional, ¿cuál es la alternativa? ¿El reclutamiento obligatorio? ¿Unos estados sin sanidad ni educación públicas porque nos lo vamos a gastar todos en escudos antimisiles? ¿La peseta? ¿Las cartillas de racionamiento? La suspensión delhabeas corpus? ¿Nuestros hijos se reirán con la película ¡Good bye, Europa!, al igual que nosotros reímos con ¡Good bye, Lenin!?
¿Nos ha costado Dios y ayuda llegar hasta aquí (dos mil años, concretamente) y ya ha terminado el invento? Me resisto a aceptar que nos lo dejaremos perder tan fácilmente. ¿No nos queda ánimo para defender la máquina y le compran las exequias a la maquinista? Como decía una pintada en una calle de Buenos Aires hace muchos años: "¡Basta de realidades, queremos promesas!"