De noche, casa por casa

El 19 de abril de 1943, un grupo de judíos del gueto de Varsovia se alzaron contra el poderoso ejército alemán que los mantenía recluidos. Mal equipados, pero dispuestos a perder la vida (la perderían de todos modos), lo detuvieron durante semanas, jugando con la sorpresa, con técnicas de guerrilla urbana.

Los alemanes, para evitar que el fuego estropeara sus fábricas dentro del gueto y que se propagara al "esquina aria", reclutaron a bomberos. Y uno de esos bomberos, mientras salvaba fábricas de las llamas y dejaba quemar casas civiles, tomó fotos. Cuando su hijo las encontró, estas fotos y la historia dieron la vuelta al mundo. Ahora se ha hecho un documental, 33 fotos del gueto, que vimos ayer.

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Viendo las fotos de niños manos arriba, de abuelas por el suelo, de familias lanzándose balcón abajo para no morir quemadas (y muriendo aplastadas) mientras los nazis sonreían, no se puede evitar pensar en los vídeos, nada diferentes, nada, de las cazas de humanos en Minnesota,. Niños capturados que hacen de cebo para que salgan los padres. Gritos en la noche de mujeres desesperadas que suplican a sus vecinos que cierren sus puertas. Las cabezas rapadas son las mismas, la chulería, esos ojos bóvidos e implacables del sonado que se cree en posesión de la verdad.

No podemos más: el mal se esparce, y ya podemos ir repitiendo la letanía aquella que dice que quien no conoce la historia está condenado a etcétera. La conocemos, y se repetirá las veces que sea necesario. A todos estos monstruos impávidos la historia del gueto les enerva los pelos de los brazos de pura adrenalina. Estamos en un momento tan salvaje de la historia que ni siquiera estás seguro, cuando te horrorizas con el Holocausto, que tus compañeros de tertulia te den la razón. Tienes miedo, claro, que digan: "Sí, pero habría que matizar". Una vez más nos encontramos ante unos cazadores, cuyas mascotas tienen mejor vida y menos miedo que los desgraciados humanos que atrapan de noche, casa por casa.