Un nuevo golpe al Estado

No hay ninguna duda de que a Begoña Gómez le han retirado el pasaporte para escarnirla a ella y a su marido, a ver si abandona de una vez la presidencia del gobierno español. La derecha y ultraderecha madrileñas (valga la redundancia) ya no están dispuestas a esperar ni un minuto más a que convoque elecciones. Por eso el juez (aguántame el cubata) considera que la escolta policial de la familia Sánchez podría colaborar en una huida de España. Ya hace meses que lo escribimos aquí: al presidente socialista lo quieren en prisión.La derecha nacionalista española (disculpen otra vez la repetición) está rabiosa. ¿Por la amnistía y los indultos a los independentistas catalanes a cambio de la investidura? Sí, claro. Pero no por la bandera, que agitan farisaicamente, sino por el poder. Ocho años de presidencia socialista quiere decir ocho años sin controlar el BOE, con sus nombramientos y sus reales decretos. Desde Cataluña tenemos la perspectiva necesaria para entender que estamos asistiendo a un nuevo golpe de estado. Un golpe que no empezó con la ley de amnistía, en la que Sánchez tuvo el atrevimiento de corregir la sentencia del Supremo (y que, precisamente por eso, no se acaba de aplicar). La derecha no digirió la derrota del 2004 por las mentiras de Aznar cuando hubo los atentados de los trenes en Madrid, ni el Estatut del 2006, corregido por el Constitucional después de ser aprobado en referéndum. Aquella maniobra jurídica, y las que vinieron después con las causas por el 9-N y el 1-O, se parece bastante a esta decisión del juez pensada para atacar al ejecutivo desde un poder judicial desbocado. Y el PSOE estaba más que advertido de que, cuando conviene, no es más que la coartada necesaria para homologar España como una democracia con alternancia de partidos. Pero ahora la coartada se ha acabado. Ya se alternarán PP y Vox.