'Obsesión', 'Backrooms': ¿a qué tienen miedo los jóvenes?

La actriz Renate Reinsve en la película 'Backrooms'.
10/07/2026
Crítico cultural
4 min

Igual que pasó con el verano de Barbie y Oppenheimer, cuando un par de películas se convierten en un fenómeno de masas no se puede resistir la tentación de interpretarlas como el síntoma de una inquietud colectiva. Todavía más cuando hablamos de cine de terror: cuanto más acierte a la hora de exponer un malestar soterrado, más miedo dará la película y, por tanto, más éxito tendrá. Por eso siempre se ha dicho que cada género de terror es hijo de una inquietud social: las películas de vampiros representan el miedo a que los ricos nos chupen los recursos, las de zombis nos confrontan con la imposibilidad de controlar las masas, las historias de casas encantadas explotan el lado oscuro de la familia nuclear, etcétera. Pues bien, con Obsession y Backrooms, dos películas de terror hechas por directores jovencísimos que en las últimas semanas han roto todo tipo de récords de taquilla y han arrastrado hacia las salas multitudes de jóvenes que el séptimo arte daba por perdidos, podemos decir que una nueva generación empieza a poner cara a sus monstruos.Aunque son películas muy diferentes, creo que ambas deben leerse sin complejos como una expresión del malestar que los nativos digitales sienten a la hora de relacionarse con el mundo real en tiempos de pantallas, y que si han tenido tanto éxito entre la juventud es porque han sabido incorporar las angustias de internet al medio del cine. Dicho de otra manera, ninguna de las dos películas trata explícitamente el tema de los adolescentes enganchados al algoritmo con el tono alarmista de un Sin ficción, sino que incorporan las inquietudes a la textura del artefacto artístico, consiguiendo aquel privilegio extraño que hace que las metáforas puedan llegar a lugares imposibles para el lenguaje explícito.

Obsession explica la historia de un joven enamorado de una compañera de trabajo que recurre a un objeto mágico para que ella se enamore de él, hasta que el deseo se tuerce y el amor se vuelve forzado y enfermizo. Encuentro clave combatir la interpretación que más ha circulado y que presenta esta película como un síntoma del miedo de los jóvenes a las "relaciones tóxicas". Una lectura atenta revela que, en realidad, el monstruo no es la chica que se obsesiona hasta que pierde la razón, sino el chico tan obsesionado por el miedo al rechazo que se vuelve incapaz de actuar, y que lo que nos debería dar miedo no es acabar como ella, sino como él. La gracia es que, incluso cuando la magia ya ha garantizado artificialmente el amor y todo es obviamente insano, él continúa hablando desde una inseguridad herida, como si necesitara que ella le confesara que le habría podido amar sin ninguna trampa. Obsession muestra que lo que es terrorífico de verdad es acabar tan ensimismados con si somos o no somos deseables que nos volvemos incapaces de desear a alguien más genuinamente. Que es, no hace falta decirlo, el tipo de vacío narcisista que, por diseño, las redes sociales monetizan.Backrooms es más extraña: narra cómo un dependiente frustrado y su terapeuta descubren que, atravesando ciertos muros como si el mundo fuera un videojuego mal programado, pueden escapar de la realidad hacia una dimensión alternativa. La gracia de los espacios que encontramos en este mundo laberíntico, las Backrooms(habitaciones traseras), es que son como una mala copia del nuestro, en la que todo parece normal y al mismo tiempo falla algo difícil de definir. Naturalmente, las Backrooms son una metáfora de internet: no solo la película se inspira en una historia de terror que se popularizó en foros en línea, sino que todo está pensado en clave alegórica: las Backrooms son un no-lugar donde todo el contenido ha salido del mundo real, pero aparece descontextualizado y sin orden ni jerarquía claros; cada información, imagen o experiencia que en su origen tenía sentido, aquí se puede distorsionar hasta querer decir nada o su contrario. Ahora bien, la gracia de la película es que los protagonistas no sienten rechazo y basta, sino que, de una manera extraña, este mundo les parece Backrooms retrata la angustia de vivir en contacto permanente con un portal capaz de llevarnos a una realidad alternativa y la sensación de que, a pesar de que sabemos que al otro lado todo es derivativo y controlado por fuerzas oscuras, podemos acabar prefiriendo perdernos en el laberinto que confrontar los problemas de nuestra realidad.Quizás la paradoja más interesante de este doble testimonio de una nueva generación de terrores es el hecho cinematográfico mismo. Porque, irónicamente, ir a ver las películas pide salir del flujo algorítmico solipsista, desplazarse hasta un espacio con un conjunto de extraños y confrontar una obra que te obliga a salir de ti mismo durante un rato. Si el gran miedo de los jóvenes es que internet los vuelva incapaces de relacionarse con la realidad, en la elaboración de este miedo en algo tan comunitario como hacer y ver cine hay, sin duda, un principio de respuesta.

stats