15/07/2026
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Por fin el otro día me picó un cangrejo. Me estaba secando, acababa de salir del mar, puse el pie en una grieta de la roca y el cangrejo estaba allí, del tamaño de una lagartija, esmeralda y brillante como una joya. Agradecí el picotazo, no me había pasado nunca, ha tardado mucho, hace décadas que me baño en la misma cala.Hace décadas que me baño en la misma cala, que, precisamente porque siempre es la misma, cada vez es diferente. Solo pasa en la naturaleza. La cala cada día tiene su mejor día. Puedo asegurarlo porque con los años he ido cogiendo un conocimiento físico, territorial y sensible como una piel. Quizá demasiado sensible. Con los años he ido viviendo los cambios: cómo se extinguían las nacras, cómo desaparecían gran parte de las gaviotas y los erizos, cómo se calentaba el agua, cómo se multiplicaban las lanchas y las piraguas, los grupos de nadadores y, este mismo verano, las acampadas con tiendas. La masificación es fatal en el único lugar del planeta y el único momento de la historia en que la palabra densificación se ha llegado a vender en positivo. La administración ya es como un negocio privado. Soy de familia de hosteleros, pero uno de los días más felices de mi vida fue cuando el alcalde Collboni anunció que se llevaba a Barcelona la colección Thyssen de pintura que debía instalarse en mi ciudad.

La cala se llena de golpe con el buen tiempo. Los visitantes hacen cola en una vía ferrata que hay, enganchados a la roca con el casco puesto, como setas (este año cerrarán definitivamente la vía por motivos ecológicos, pero antes le dejarán hacer la temporada), o siguen el camino de ronda con el móvil en la mano (y se pierden igualmente por la pinada), plantan sombrillas en las rocas, ponen música y se hacen millones de fotografías que no creo que se miren nunca.Me pregunto qué deben ver estos turistas que andan por el mundo, que han pisado los cinco continentes y visitado todos los destinos. ¿Qué deben ver que no verían igualmente con Google Earth? Con este sol que ciega, verían mejor la cala en fotografías. Debe ser el hecho de bañarse en ella (los pocos que lo hacen), pero incluso esto cobra sentido al cabo de muchas zambullidas (cuando aprendes por dónde se mueve cada tipo de pez, y dónde están las estrellas y las ciudades sumergidas; mientras tanto no es muy diferente de una piscina).Me tocó nacer aquí y he tenido la suerte de poder quedarme. Hace años, me di cuenta de que los islotes y las rocas de granito de esta costa tienden a la forma piramidal. Pero hasta hace una semana no descubrí que en realidad tienen la forma de las palmas gigantes de alguien que reza.

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