El Pacto por la Lengua: más allá del cumplimiento
El 18 de febrero se celebró la primera reunión de seguimiento del Pacto Nacional por la Lengua. Según el gobierno de la Generalitat, para aquellas fechas ya se habían completado 71 medidas y 124 más estaban en proceso de ejecución. Ahora que se cumple el primer aniversario de la firma del Pacto es probable que el gobierno actualice este balance cuantitativo sin entrar mucho en el fondo de la cuestión. La pregunta, en realidad, no es cuántas medidas del Plan se han aplicado o se están aplicando, sino hasta qué punto el Plan ha cambiado elstatu quo que justificó la aprobación del Plan para empezar.Si la pregunta es esta, la respuesta es fácil. Un año de vigencia no es suficiente tiempo para que un gobierno revierta un estado de cosas que viene de muy lejos y que aún se agravó durante los años del Proceso, cuando hacer independentismo en castellano parecía más urgente que salvaguardar el catalán. Esto no quita, sin embargo, que se pueda hacer una reflexión sobre la marcha del Plan un año después de su firma.El Plan tiene un problema original, que es el desfase entre el diagnóstico de la situación del catalán y el tratamiento para mejorarla. El Plan identifica cinco retos o causas del "retraso" del catalán durante las últimas décadas, el principal de los cuales "se encuentra en un conjunto de factores económicos y en sus consecuencias sociodemográficas". Este reto incluye "la transformación de buena parte de la estructura económica del país durante las últimas décadas" y, estrechamente ligados a esta transformación, "los ingentes [sic] flujos migratorios y las condiciones para su inserción social, laboral y lingüística".Para hacer frente a este reto, el Pacto solo propone medidas paliativas. En su balance del primer año, por ejemplo, es probable que el gobierno haga bandera de los miles de plazas de cursos de catalán de nueva creación en el Consorcio para la Normalización Lingüística; la realidad es que el problema no se puede resolver (solo) aumentando las plazas de cursos de catalán.Para empezar, hay una consideración simplemente numérica. Según la última Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población (2023), en Cataluña hay 2 millones de personas interesadas en aprender catalán o mejorar su conocimiento: por razones obvias de recursos, Cataluña no puede crear 2 millones de plazas para atender esta demanda potencial. Más allá de esta constatación, también hay un posible error de expectativas. El Plan asume una secuencia desconocimiento – aprendizaje – uso que muchas veces no se cumple. Por un lado, muchos aprendices abandonan el aprendizaje a medio hacer, y lo que es especialmente remarcable es que muchos aprendices abandonan el país antes de usar nunca el catalán y son sustituidos por otros aprendices que quizá tampoco arraigarán. Según el estudio Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España, publicado por Funcas hace quince días, entre 2002 y 2024 España acogió a 15 millones de personas nacidas en el extranjero, la mitad de las cuales volvieron a marcharse del país.
Pero incluso si el aprendiz no abandona los cursos ni el país, la secuencia que desemboca en el uso se cumple difícilmente. Demasiado a menudo el aprendizaje del catalán por parte de los extranjeros adultos está desvinculado de su vida real: como pasa también en el sistema educativo con la mal llamada "inmersión", muchos aprendices creen que el catalán es una lengua para saberla (por obligación o para obtener algún beneficio) pero no para usarla. En muchos entornos laborales, por ejemplo, el catalán no sirve para trabajar. Sobre esta cuestión, el Plan preveía una medida muy pertinente que no se cumplió en 2025 y difícilmente se cumplirá en 2026: fomentar la oferta de cursos de catalán dentro de las empresas y en horario laboral.El extranjero que "no se integra", el catalanoparlante que "no mantiene" el catalán y el empresario que "no exige" la lengua a sus trabajadores son reflejos de un mismo problema de fondo que el Plan identifica y no aborda con medidas a la altura. En los últimos tiempos, desde Josep Sala Cullell hasta los autores del Informe Fénix, diferentes voces se han pronunciado directa o indirectamente sobre esta cuestión. El titular de la entrevista que Vilaweb hizo a los portavoces de Sant Jordi per la Llengua no puede ser más claro: "Para defender el catalán se ha de cambiar el modelo económico". En cuanto a la lengua, después de encapsular la política lingüística en un departamento ad hoc, encapsular la defensa del catalán en un Pacte Nacional per la Llengua es probablemente el error más grave del gobierno Illa.