Unos encantamientos explican la historia del mundo
El establecimiento se ha convertido en todo un referente del barrio de la Ribera, en Barcelona
Si fuera posible viajar al pasado antes, habría que visitar Els Petits Encants. De hecho, sería imprescindible. La tienda de las Baixes de Sant Pere de Barcelona que regenta desde hace veinte años Francesc Raich i Puig es toda una institución del barrio de la Ribera, un espacio emblemático, querido, un oasis, una torre de vigilancia, un lugar donde perderse durante horas. Todo a la vez. Todo son objetos del pasado, como manda el canon en estos lugares fascinantes y fabulosos a los que llamamos encants.
Objetos con historia, esto es lo que siempre ha obsesionado a Francesc. Descubrir, investigar, preguntar por la historia que ha vivido aquel objeto hasta que ha llegado a sus manos. ¿De quién era, dónde estaba, a quién ha servido? ¿Aquella lámpara de techo ha iluminado una casa humilde o más bien acomodada? ¿Aquella forja modernista, qué balcón había sujetado? ¿Aquel reloj de pared daba bien las horas o siempre ha caminado retrasado? ¿Dónde aparecieron aquellas revistas de tauromaquia? ¿Por qué aquellas monedas estuvieron escondidas detrás de una falsa pared? Conocer la historia de un objeto es un tesoro, una fuente de sabiduría y de conocimiento que, además, se puede transmitir y permite que, quien lo quiera, se enriquezca sobre cualquier materia. Y en Els Petits Encants, de materias diferentes hay para dar y regalar.
A Francesc la curiosidad le viene de muy pequeño. En casa de los abuelos ya sentía pasión por los objetos antiguos. Por una caja de lata, por un juego de herramientas, por unos clavos oxidados. Él se hizo técnico agrícola y tuvo una granja de conejos cerca de Vilafranca del Penedès hasta principios de los años 2000. Allí ya iba acumulando de todo, y bastante. Máquinas de todo tipo, muebles, papeleo variado, relojes, motores... Se le hace imposible enumerarlo todo. Hasta que en el año 2004 pudo adquirir el local junto al Arco de Triunfo para abrir una tienda de brocanter. Así se define, brocanter, y no anticuario. Brocanter, aquel oficio que consiste en conocer todos los secretos del objeto antiguo, no necesariamente valiosísimo. Saber que una palangana y una jarra haciendo pareja son sinónimo de la manera como antes la gente se lavaba la cara y las manos. Saber que una navaja y una barra de espuma de afeitar estaban presentes en todos los lavabos del mundo. Saber que un casco militar puede servir para explicar una guerra, un conflicto o un régimen político. Saber que las postales contienen infinitas vidas camufladas en el reverso, en la letra manuscrita y en el matasellos. También que una cristalería o una vajilla de casa pueden revelar una clase social, y que un cartel de cine mantiene adheridos sueños, anhelos y fantasías.
Francesc es brocanter, vendedor, prescriptor y también un poco psicólogo. Te puede vender lo que desees. También toda clase de bisutería, sombreros, máquinas de escribir, cámaras de fotos, juegos e instrumentos musicales. Igualmente arregla lámparas, relojes y tocadiscos. Nos enseña el pequeño taller y los incontables rincones llenos de cosas amontonadas por los que casi no se puede ni circular. A la tienda entra toda clase de gente. Vecinos del barrio de toda la vida, clientes habituales para los que visitar la tienda ya es una rutina más, y extranjeros y turistas que se dejan cautivar y seducir por toda la oferta que encuentran. Hay quien cada semana compra algo: un secante, una lámpara, un mapa, un cartel o un jarrón. De imágenes religiosas hay por todas partes. Nunca se acaban. También tropezamos con juguetes, trofeos, barcos, plumas, mecheros, marcos, herramientas, ventiladores, estufas, toda clase de cerámica, sifones antiguos, teléfonos, discos de vinilo...
Hace unas semanas, Francesc vendió un teléfono antiguo a una escuela. De aquellos que para marcar los números había que girar una ruedecilla. Un objeto que seguramente debe haber servido para dar una buenísima clase de historia. Una porción de cotidianidad pretérita que explica cómo éramos y dónde estamos ahora. De este tipo de historias, en Els Petits Encants hay miles. Vale la pena entrar y rescatarlas.