Cuando el patio trasero es medio mundo
No han pasado ni dos meses de este 2026 y Estados Unidos ha capturado a un jefe de estado y ha matado a otro. A Nicolás Maduro le trasladaron a una cárcel americana ya Ali Jamenei le han muerto, ambos en sendas exhibiciones de tecnología militar y de infiltración de inteligencia dentro de los niveles más altos de las respectivas seguridades presidenciales (en el caso del asesinato de Jamenei, con la imprescindible colaboración).
Del golpe al régimen bolivariano de Venezuela se está derivando un gobierno corderito y un control estadounidense del petróleo que puede derribar la ficha de Cuba por inanición, casi literalmente. El resultado de la decapitación del liderazgo supremo de la revolución iraní (más involución que revolución, después de 47 años de ayatolás) es mucho más incierto y peligroso para todo el mundo, porque no es tan fácil reducir Oriente Próximo a segundo patio trasero de Estados Unidos, y porque interpela directamente a Rusia y China. Lo que ha empezado es lo más parecido a la "guerra regional" tantas veces temida ya la "guerra mundial a pedacitos" denunciada por el papa Francisco.
A finales de diciembre pasado escribí aquí, hablando de las elecciones de medio mandato del próximo noviembre y con Trump poniendo su nombre en la ópera de Washington, que "en la larga campaña que nos espera asistiremos a algo más violento y autoritario que a coronaciones napoleónicas". Trump y Netanyahu tienen incentivos personales para permanecer en el poder y una guerra compartida puede ser su refugio. Los hechos consumados y la superioridad tecnológica militar están siempre expuestos a errores fatales. También de cálculo. Y esta vez nos toca mucho más de cerca.