Presupuestos: ¿más déficit?
Crecen los ingresos. Crece el gasto. El déficit sigue ahí. Los presupuestos de 2026 prevén unos ingresos no financieros de 48.231 millones y un gasto total de 49.162 millones. La diferencia es pequeña en términos relativos (déficit del 0,1%), pero el mensaje económico es más profundo: en plena fase expansiva del ciclo seguimos sin generar superávit. El gasto aumenta en 9.126 millones respecto a las últimas cuentas aprobadas. Es un salto del 22,8%. Los ingresos, impulsados por la buena marcha económica y el modelo de financiación, también crecen con fuerza, aunque el Govern no presenta el dato comparativo con la misma contundencia política que el del gasto. La clave es esta: prácticamente todo el aumento de ingresos se absorbe en mayor gasto estructural. En términos económicos, esto significa que el tamaño permanente del sector público se eleva aprovechando el viento de cola del ciclo. ¿Es prudente?
La deuda se sitúa en torno al 28% del PIB. Puede descender al 27% este año. Incluso al 22% si se materializa la condonación del FLA. Pero mientras tanto, pagamos 1.600 millones anuales en intereses. Un 2% del presupuesto. Más que muchos departamentos enteros. Los intereses no construyen escuelas ni reducen listas de espera. Son el precio del pasado. En teoría económica básica, las fases expansivas del ciclo son el momento de generar superávit primario. No equilibrar. De acumular almohada. Si no lo hacemos cuando la recaudación crece y el empleo bate récords, ¿cuándo lo haremos?
El argumento político es comprensible: hay presión social, vivienda tensionada, servicios públicos exigidos al límite. Pero el análisis macro obliga a mirar más allá del corto plazo. Si consolidamos gasto estructural con ingresos cíclicos, el futuro ajuste será más doloroso. Hay un debate de fondo que raramente se plantea: ¿queremos una Generalitat que, en épocas de crecimiento, reduzca deuda de forma agresiva para liberar recursos futuros? Cada punto de deuda que se reduce implica menos intereses mañana. Y 1.600 millones anuales en intereses equivalen, por ejemplo, a casi todo el presupuesto destinado a políticas activas de vivienda.
El problema no está en el déficit del 0,1%. Es la oportunidad perdida de convertir un ciclo favorable en saneamiento profundo. Un sector público puede crecer. Pero si crece sin generar ahorro en épocas buenas, queda atrapado. Y cuando llegue la desaceleración –que llegará– la alternativa será subir impuestos, recortar o endeudarse más. La deuda no desaparece solo. Se paga. Y cuanto antes se empiece a reducir de verdad, menos hipotecará el margen de maniobra de la próxima década.