Tu problema soy yo

Leemos en el AHORA que Pedro Sánchez ha prometido una mejora de la financiación en Cataluña, y me lo creo, porque “mejorar la financiación de Catalunya”, a estas alturas, que estamos tan abajo, es simplemente que te besen la boca cada vez que pagas el alquiler. También dice que mantendrá los compromisos adquiridos con ERC y "respetará" la lengua, la cultura y la historia catalanas.

Respetar. No sería el verbo más adecuado. Como cuando un ser le dice a una lesbiana “Yo os respeto, ¿eh?” Porque respetar significa –sólo– no impedir la existencia. No respetar una lengua, una cultura y una historia (y todo va junto, claro) es lo que hizo Franco: prohibir. Él no salió adelante, pero actualmente todo el mundo es mucho más sibilino. Respetando y suficiente, llegas a la extinción por falta de aire. No basta con respetar a las ballenas. Se realizarán leyes específicas para que no se extingan.

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Mi lengua, la que me han transmitido y la que he transmitido, es una. No lo he elegido. No sé si es cierto que suena muy mal, como dicen los hablantes de otras lenguas imperiales, que ni suenan ni dejan de sonar bien o mal porque sólo son lenguas, no como la mía, que es muchas cosas, se ve, y está obligada a ser simpática, humilde y agradecida, nada atrevida, prudente y modesta. Por suerte, algunos hablantes no hacen ni caso, de eso, y son impetuosos, fachendas, arrebatados, imprudentes y alocados. Tan alocados, que utilizan la palabra alocados.

Tenemos una lengua, tenemos una cultura –la lengua es parte de ella– y una historia galdosa y divertida en la que siempre perdemos. Soy una carca en muchas cosas, muchas, pero en esta cuestión resulta que sin querer he abrazado la modernidad. Mi tribu y yo sólo queremos vivir en paz, como amigos, grandes amigos, de las tribus hermanas; pagar, como ellos, por los propios símbolos, y venerarlos o vejarlos exactamente como ellos. Si no, seremos una piedra en el zapato. Nos consagraremos.