PSC: Partido Social Cristiano
Corre la broma de que el PSC ahora es el Partido Social Cristiano. Salvador Illa ha sido explícito desde que es presidente en su posicionamiento ideológico, que fundamenta en el humanismo cristiano. Lo mismo que defiende el papa Prevost, León XIV, como ha quedado claro en su primera encíclica. La vertiente social de este pontífice es incluso más sólida que la de su popular predecesor, el argentino Bergoglio. Prevost se ha convertido en una voz global fuerte a favor de la acogida de los inmigrantes, a favor de los más vulnerables, contra el renovado belicismo de Trump, Netanyahu y Putin, a favor del diálogo cultural y contra el capitalismo de plataforma que polariza la sociedad, tanto ideológicamente como económicamente, con una lógica de uso meramente pecuniario de los algoritmos y la inteligencia artificial.
El marxismo ya hace tiempo que decayó del discurso socialista. Después, la socialdemocracia quedó desacreditada por décadas de plácida connivencia con el neoliberalismo. Algunos ahora la quieren resucitar. Illa lo ha rebautizado como "humanismo cristiano": poner a la persona vulnerable en el centro y hacer énfasis en la justicia social, en la igualdad de oportunidades. El presidente de Cataluña y el papa de Roma hablan el mismo lenguaje. En cambio, el presidente Sánchez se ha acercado a Prevost por estrategia geopolítica, por coincidencia anti-Trump, pero no tiene la explícita conexión socialcristiana del inquilino de la Generalitat. Illa es de misa, Sánchez no. De hecho, Sánchez, como presidente español, asistirá por primera vez a una misa en la Sagrada Familia.
Cataluña es un país más secularizado que España, menos católico y, en el segmento que todavía se declara, menos practicante. Menos del 10% de los matrimonios se hacen por la Iglesia: el 91% son civiles. Pero, a pesar del auge de la ultraderecha (Alianza y Vox), es un país donde el discurso social está arraigado: incluso los partidos de extrema derecha hacen un discurso social xenófobo tipo "primero los de casa". Los otros fuera, que se las apañen. Cuando un obispo o el Papa los riñe por esta falta de caridad o empatía con los más desfavorecidos, o con los que tienen otras creencias religiosas (islamofobia), les explota la cabeza. Trump se ha dedicado a mofarse de su compatriota papa. Veremos cómo Orriols y Abascal reciben a León XIV cuando se ponga del lado de los inmigrantes.
Pero la centralidad catalana ¿es socialcristiana? No. La Iglesia arrastra un lastre muy grande. Los abusos sexuales, el nacionalcatolicismo franquista, el machismo estructural y el anquilosamiento en cuestiones de moralidad (aborto, homosexualidad) han alejado a buena parte de la población. Pero a la vez, en términos politicosociales, su posicionamiento discursivo actual es claramente de izquierdas, aunque eso incomode a la izquierda clásica anticlerical. Con Illa encaja a la perfección, más incluso que con el pujolismo clásico, y por supuesto más que con los herederos de Pujol, cada vez más condicionados por la competencia ultra.
La doctrina social de la Iglesia, inaugurada por León XIII a finales del siglo XIX como respuesta a las tensiones de la Revolución Industrial, y pasada después por el aggiornamento del Concilio Vaticano Segundo de finales de los años 1960, hoy es profundizada por León XIV, que quiere dar respuesta a las desigualdades globalizadas de la era postindustrial. Y que también quiere arraigar la Iglesia en las comunidades locales de todas partes, en especial en las periféricas en las que el colonialismo europeo –a menudo con la connivencia de la misma Iglesia– causó estragos. El reconocimiento de las singularidades –por ejemplo lingüísticas– y de las vulnerabilidades locales –como la explotación de recursos naturales en detrimento de las poblaciones autóctonas– forma parte de la visión de este pontífice, que durante años hizo trabajo misionero en Perú.
No es casualidad, por tanto, que en Cataluña, en su programa de visitas, Prevost haya incluido una parroquia del Raval barcelonés –la de Sant Agustí; él es agustino y la conoce– y la prisión de Can Brians. Y es esperable que León XIV dé a la lengua catalana el tratamiento que se merece como lengua propia, y a la vez minorizada, del país que preside Salvador Illa, un humanista cristiano como él.