Escribo estas líneas desde un café, en Barcelona, de esos que tienen wifi y donde no te juzgan si escribes un rato (y tampoco te quieren servir tostada de alvoexpat). Hay un conductor que ha dejado el coche en un lugar prohibido para ir a comprar, rápidamente, a l'Ametller. No ha calculado que, dejándolo en aquella esquina, impide el giro del autobús, que está en medio de la vía. El caos es fenomenal. Y acunada por el ruido de bocinas oigo, en El matí de Catalunya Ràdio, el alcalde de Barcelona. Dice que eliminará el servicio de bicicletas de alquiler compartido a partir del año 2027 y que lo hará a raíz del "desbarajuste" y del "mal uso" que hacen los usuarios. Las 3.500 bicis compartidas han acumulado, en un año y medio, 5.413 multas. Toca a bastante multa por cada bici.
Hago, por tanto, un llamamiento a todos los usuarios, guiris muy especialmente, que las usan. Queda muy, muy poco tiempo y no se puede reducir la ratio de multas. ¡Hay que conseguir que el servicio, de aquí al 2027, siga siendo un desastre. Hay que alquilar bicis y aparcar allí donde os salga de las narices (o del ramen), como hasta ahora. Hay que alquilar bicis y abandonarlas en medio de la acera, porque os da pereza aparcarlas donde toca y preferís que os pongan esa multa que no pagaréis. Hay que darse prisa en cruzar por los pasos de peatones, intentando atropellar a cualquier abuela que cruce con el taca-taca. Hay que tocar el timbre, con complacida histeria, en el carril de Francesc Macià, cuando alguien cruce vuestro paso con el noble y extravagante propósito de coger un taxi de la parada y no haya traído –para no pisar vuestra vía sagrada– el gorrocòpter de Doraemon. ¡Corramos, corramos! No sea que, de aquí al 2027, tratemos las bicis como las tratan al norte de allá, donde dicen que la gente es limpia, etcétera.