León XIV: cuando escuchar deviene revolucionario

León XIV en la plaza de San Pedro del Vaticano el 3 de junio.
05/06/2026
Director de Cáritas Diocesana de Barcelona
3 min

Vivimos tiempos de polarización. Las reglas que parecían consolidadas desde la Segunda Guerra Mundial se resquebrajan ante un escenario global cada vez más incierto. Desde la caída del Muro de Berlín, la globalización ha avanzado con fuerza, transformando economías y sociedades, pero también ha contribuido a concentrar poder político, tecnológico, económico, mediático y militar en muy pocas manos, haciendo que la decisión de pocos afecte la vida de todos. Hoy, en plena era de las redes sociales y de la inteligencia artificial, nunca había sido tan fácil controlar el relato colectivo ni tan difícil discernir qué es verdad y qué es manipulación.El riesgo es evidente: acabar subordinados a una lógica de algoritmos e intereses que a menudo ignoran la dignidad humana. Cuando esto sucede, la persona deja de ser un fin para convertirse en un medio, un dato más dentro de un sistema que prioriza la eficiencia o el beneficio por encima del bien común. Esta deshumanización sutil, a menudo invisible, erosiona silenciosamente las bases de la convivencia.Al mismo tiempo, hemos ido perdiendo la capacidad de escucharnos. Vivimos rodeados de burbujas informativas que refuerzan nuestras convicciones y excluyen la discrepancia. Todo se reduce a mensajes breves, titulares impactantes y vídeos de pocos segundos. Pero la realidad es compleja, y las personas también. Cuando lo olvidamos, simplificamos el mundo hasta hacerlo irreconocible y dejamos fuera dimensiones esenciales de la vida, como el matiz, la vulnerabilidad o la duda.Es en este contexto que la figura de León XIV adquiere una relevancia que va más allá del ámbito estrictamente religioso. Su discurso incomoda porque no se alinea con ningún bando ni se deja instrumentalizar. Habla de construir puentes en lugar de levantar muros, de poner a la persona en el centro, de no convertir las diferencias en odio. Recuerda que gobernar es, antes que nada, saber escuchar el sufrimiento de la gente con honestidad y sin filtros.

Su mirada pone el foco en aquellos que a menudo quedan al margen: personas en situación de pobreza, migrantes rechazados, jóvenes sin oportunidades, vidas invisibilizadas. Nos recuerda que nadie es prescindible, que todos formamos parte de una misma familia humana y que la indiferencia también puede devenir una forma de violencia.En un momento de fuerte polarización, también en nuestra casa, su propuesta no es ni de derechas ni de izquierdas. Es una invitación a trascender esta lógica y, precisamente por ello, resulta más exigente. Es una llamada a alzar la mirada, a no dejarnos arrastrar por el conflicto permanente, a no convertir al adversario en enemigo y a situar la dignidad humana por encima de cualquier interés político, económico o mediático.

En una época marcada por el miedo, la desconfianza y la ley del más fuerte, hablar de paz, diálogo y encuentro puede parecer ingenuo, o incluso fuera de lugar. Pero quizás sea justamente lo contrario. Quizás sea la actitud más valiente y transformadora que podemos adoptar. Escuchar de verdad –con tiempo, respeto y voluntad genuina de comprender– es hoy un acto profundamente revolucionario, que va contracorriente.En los próximos días, Barcelona y Cataluña recibirán la visita del papa León XIV. Para muchos será, sobre todo, un acontecimiento religioso. Sin embargo, sería un error contemplarlo únicamente desde esta perspectiva. Sabemos que el viaje no resolverá los grandes retos globales ni las tensiones que atraviesan nuestras sociedades. Pero puede ayudarnos a recuperar una pregunta imprescindible: ¿qué tipo de sociedad queremos ser? Y, sobre todo, ¿qué responsabilidad estamos dispuestos a asumir cada uno de nosotros para hacerla posible?

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