Putin y los lobos de Europa

Putin ha cumplido este año (lo hizo en mayo) veintiséis años en el poder. Fue el segundo presidente de Rusia, y es el cuarto, y durante dos mandatos seguidos él y su leal Dimitri Medvédev se alternaron como presidente de Rusia y como primer ministro. Presidente de Rusia es el cargo que se creó para sustituir al de presidente del Soviet Supremo, máxima autoridad rusa durante los años de la URSS. Lo ocupó, los primeros años, el dipsómano Borís Yeltsin, y después ya siempre Putin, directamente o a través de sus títeres: primero Medvédev y ahora Mijaíl Mishustin, que ejerce como primer ministro una vez Putin se ha asegurado (vía la reforma de la Constitución de 2020, conocida como la reforma “del contador a cero”) que puede continuar como presidente hasta el año 2036. ¿Cómo lo hizo? Reinició el cómputo de sus mandatos con una ley que “borraba” los dos anteriores. De esta manera ha mantenido la limitación de dos mandatos presidenciales, pero en la práctica le ha añadido dos más (de seis años cada uno) porque los dos primeros dejaron de contar.Para continuar en el poder le hace falta, eso sí, ganar las elecciones, pero es conocida la tendencia de sus opositores a morir prematuramente y en circunstancias tan espantosas como enigmáticas. Periodistas como Anna Politkóvskaya, Natália Estemírova o Paul Klébnikov, magnates exiliados como Borís Berezovski o su colaborador Aleksandr Litvinenko, el mercenario Yevgueni Prigozhin o líderes políticos como Borís Nemtsov o Alekséi Navalni forman la lista de personalidades más prominentes presuntamente asesinadas por el régimen de Putin. Más allá de estos nombres famosos, las víctimas de la represión política en la Rusia de Putin se cuentan por decenas de miles, entre periodistas, activistas, escritores, políticos, etc.De estos veintiséis años, hace cuatro y medio que Putin dio la orden de invadir Ucrania, mientras en Occidente todavía se decía que no se atrevería. En el año 2022 Putin afirmaba que la guerra duraría poco y que la llevaba adelante con el objetivo de “desnazificar” Ucrania, un argumento del cual ya no se acuerda ni el mismo Putin. La guerra ha generado cientos de miles de muertos en ambos bandos y millones de desplazados y refugiados, y a día de hoy no se le ve un final cercano. Pero la invasión (esta sí que lo es) y la guerra de Ucrania se han convertido en actores geoestratégicos que ya no causan sorpresa ni escándalo, sino que están plenamente normalizados dentro de la política europea. Como el mismo Putin, que durante un cuarto de siglo ha cometido crímenes, vulneraciones y violaciones del derecho internacional ante la pasividad de Occidente, apuntalada en todo tipo de intereses económicos, energéticos y logísticos. Europa ha comenzado en los últimos años una noche que será larga y extremadamente caliente (por el cambio climático y la violencia), rodeada de lobos que aúllan. Sería bueno que en algún momento alguien pensase en cómo la misma Europa, en vez de intentar combatir a los lobos que ahora la acosan, se ha dedicado a alimentarlos.