Luis Enrique con la copa
31/05/2026
Periodista
2 min

¿Con quién ibas en la final de Champions? He leído muchas respuestas construidas a la ligera, de esas en las que a todo el mundo le daba pena el Arsenal, equipo que sigue quedándose con la miel en los labios (esta vez con la crueldad de los penales, drama del cual, aquí, sabemos algo y no te quieras encontrar), dirigido por un entrenador como Mikel Arteta, de la escuela Pep, es decir, de la escuela Barça, y que, históricamente, es un equipo que siempre la ha tocado.Porque, visto desde Barcelona (y diría que desde medio mundo), en el PSG no hay quien lo aguante si no fuera por la figura de Luis Enrique. Dos finales seguidas, y dos finales ganadas seguidas, no pueden ser casualidad. Se le ve en la cara gastada, porque hoy en día, a un director de lo que sea le cuesta la vida que las cosas se hagan como él ordena, que su éxito es el resultado de muchas horas de no pensar en nada más y rodearse de un buen equipo. Y más si tenemos en cuenta que para encadenar dos Copas de Europa, primero ha tenido que construir un equipo allí donde muchos otros fracasaron confiándose en que con el álbum de cromos caros habría suficiente.Lo cual nos lleva a la risa que se nos escapa por debajo de la nariz y que hace más soportable la victoria de los parisinos: Mbappé. Porque cuando a tu equipo ni le va ni le viene, siempre acabas yendo a la segunda línea del argumentario que es qué resultado molesta más a la máquina del imperio y, claro, aquella portada de hace dos años dirigida a Mbappé continúa haciendo historia: “Si quieres ganar la Champions, ya lo sabes...”La lección más importante del éxito de Luis Enrique (y de Arteta) es que no hay atajos para el trabajo bien hecho y que la montaña de datos que mueve el fútbol profesional necesita un talento y un corazón que las ordene y, sobre todo, que las inspire.

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