El reconocimiento de la extrema derecha

1. Queremos creernos que Cataluña es diferente, pero a la hora de la verdad acaba generando los mismos tics que el entorno europeo del que formamos parte. Parecía que la extrema derecha catalanista no afloraría nunca y resulta que ahora mismo está en proceso de crecimiento acelerado de la mano de una Silvia Orriols que juega las cartas del autoritarismo, con el discurso contra la inmigración como principal bandera y con la independencia como objetivo, rompiendo, de esta forma, sólo una creencia infantil: que no españolista. Y resulta que sí, que, como en toda Europa, el autoritarismo posdemocrático crece, desafía ya menudo arrastra las derechas democráticas. Es el problema de las ingenuidades ideológicas, de dar por sentado que somos mejores que los demás y que seremos diferentes por haber sido víctimas de la dominación española.

Las lógicas del poder tienen inscritas dinámicas profundas, la radicalización siempre está al acecho y los extremos encuentran agujeros por los que expresarse. Si Vox emergió en una determinada coyuntura de ruptura de la estabilidad de las democracias liberales, en la que florecieron los radicalismos, ¿por qué teníamos que creer que en Catalunya no pasaría nada parecido? ¿Qué podía hacer pensar que seríamos distintos del resto de Europa?

Cargando
No hay anuncios

Lo cierto es que la extrema derecha ya está aquí, en una dinámica al alza a favor de Orriols, que ha sabido captar los signos del tiempo y marcar un perfil nacional propio, desmarcándose de Vox. Y ya van saliendo misiones conservadoras a festejarla.

2. Cataluña, pues, no está más vacunada que los demás. La extrema derecha ha emergido también con un marco propio. De repente, este fin de semana, un encuentro de Silvia Orriols con empresarios y gente del mundo económico, liderado por Emili Cuatrecasas, ha significado un inesperado choque de realidad. ¿Cómo puede que sectores del mundo empresarial se acerquen a las extremas derechas o las tanteen? Precisamente, es lo que está ocurriendo en todas partes. Y cada vez más. Derechas y extremas derechas se irán encontrando, que es lo que ya vemos en España, donde dentro de cuatro días gobernarán juntos Vox y el PP.

Cargando
No hay anuncios

Una mirada a Europa lo dice todo. Y las consecuencias no serán menores. ¿Podría ser Catalunya capaz de mantener la extrema derecha aislada pase lo que pase, con compromisos entre las demás fuerzas políticas? Este primer paso público –ha habido otros más discretos– de aproximación de un sector empresarial a Sílvia Orriols es un aviso para ingenuos. Estaban los que fueron, pero también los que estaban al corriente pero prefirieron no dar la cara. Evidentemente, habrá más, y si Aliança Catalana sigue creciendo, la derecha se le irá acercando. Bastará que, en algún momento, la derecha necesite sus votos para hacer mayoría. ¿Sería fantasioso esperar a que, en una circunstancia así, conservadores y progresistas se encontraran para dejar la extrema derecha con un palmo de nariz? Sería la prueba de una sensibilidad democrática que en Europa se está esfumando. No quiero hacer ilusiones, pero me gusta dejar la puerta abierta.

3. El pujolismo, mientras el patriarca marcaba el paso, era de tan amplio espectro que podía incorporar todas las sensibilidades del espacio conservador. Con la salida de Pujol empezaron a aparecer ambiciones por todas partes. Con la dinámica del Proceso, la confluencia de Junts per Catalunya llegó a incorporar nombres y grupos que procedían de los dos extremos, de la derecha pero también de la izquierda, aunque hoy muchos ya no se acuerden. Cuando la escalada se interrumpió de repente con la frustración del Proceso y con la represión, muchos fueron desapareciendo y no hemos vuelto a oír hablar de ello, mientras que un núcleo reducido de convergentes tradicionales –con Turull, Batet y Rull al frente– conseguían la tutela del partido como un factor de icónica del factor Puig. Pero ese ciclo tiene los días contados. Ahora mismo, precisamente, se ha levantado ya el tabú del relieve de Puigdemont. Y ya le han puesto fecha: su regreso. Cada vez parece más evidente que será el momento de su amortización para que la derecha catalana pueda levantar de nuevo el vuelo. Y será entonces cuando se dilucidará el futuro del espacio conservador: la relación entre Junts y Aliança Catalana.

Cargando
No hay anuncios

Que algunos sectores económicos empiecen a mover ya es indiciario que el dinero catalán no es insensible a las pulsiones europeas. Parece ser hora de romper el tabú de la extrema derecha, que era una herencia de la Segunda Guerra Mundial. Donald Trump se ha aplicado con unos excesos retóricos y prácticos que podrían llegar a ser un revulsivo que haga reaccionar a los partidos democráticos. Pero creo que esto, ahora mismo, es una ilusión. El futuro inmediato lo marcará el autoritarismo posdemocrático, con un creciente protagonismo de la extrema derecha. Y es irresponsable querer endulzar su imagen para vendernos gato por liebre, como hacen las derechas europeas.