Una regularización a contracorriente

Días después de que el Parlamento Europeo aprobara el Reglamento de Retorno al grito de "send them back!" (¡devuélvelos!), en España acaba el plazo de presentación de solicitudes del proceso extraordinario de regularización con unas cifras que superarán el millón de personas. Ante la inmigración irregular, la Unión Europea responde con deportaciones —que sueña masivas— y lo celebra con una alegría desbordante. España, en cambio, lleva a cabo la regularización extraordinaria más grande de su historia.¿Por qué? La regularización es fruto de la movilización de las comunidades migrantes que comenzó en plena pandemia y culminó con la Iniciativa Legislativa Popular más grande (superó las 700.000 firmas) presentada jamás en el Congreso de los Diputados. Años después, un pacto de última hora entre PSOE y Podemos la desbloqueó. Pero la regularización tampoco se entendería sin tener en cuenta factores mucho más estructurales que se han mantenido inalterados desde principios de siglo.El primero es la demanda casi insaciable de nuevos trabajadores que se cubre con la llegada de personas inmigradas. La demanda es estructural, pero, en períodos de crecimiento económico como el actual, crece exponencialmente. La segunda es que no hay vías regulares de entrada para estos trabajadores: es por eso que la mayoría entran como turistas y se quedan unos años trabajando irregularmente a la espera de poder regularizarse. La tercera es que la mayoría son latinoamericanos, que son percibidos como necesarios y culturalmente cercanos. Aunque no son los únicos, son los deseados.