Riesgos para la economía en 2026

El trompazo de los aranceles de abril impuestos por EEUU generó unas previsiones pesimistas para el 2025 que no se han materializado. Según el FMI, la economía mundial habría crecido más de un 3% en 2025 y la proyección para 2026 es similar. El impacto de los aranceles se ha amortiguado por las marchas atrás de EEUU, motivadas por la respuesta de los mercados financieros y por la debilidad frente al control chino de las tierras raras, cruciales para el mundo digital y para la defensa. Sin embargo, el arancel medio en EE.UU. está cerca del 15%, no muy lejos del máximo del 20% de los años treinta del siglo pasado bajo la ley Smoot-Hawley. Esto no significa que este aumento no tenga consecuencias inflacionarias para EE.UU. y de desviación del comercio entre países. China vende menos en EE.UU., pero lo compensa con ventas crecientes en otras partes del mundo, entre ellas Europa. Basta con recordar la invasión de vehículos eléctricos baratos y de gran calidad en el mercado europeo. También hay que tener en cuenta que la incidencia del arancel —quien acaba pagando— depende de si la empresa exportadora rebaja precios para mantener la cuota de mercado, lo que a corto plazo intentará hacer. Vemos, por ejemplo, cómo los vehículos chinos se venden a precio rebajado, lo que compensa los aranceles de la Unión Europea para proteger al sector. El primer riesgo para el próximo año es que la guerra comercial de EEUU con China se agudice y que el efecto de los aranceles llegue en diferido cuando las empresas exportadoras no puedan mantener unos precios reducidos. En cualquier caso, a medio plazo la subida de aranceles traerá menos crecimiento.

Un segundo riesgo es que la percepción sobrevalorada de las empresas asociadas a la inteligencia artificial (IA) acabe en una importante corrección bursátil con consecuencias para la economía mundial. Aquí puede servirnos de ejemplo el estallido de la burbuja puntcom del 2000, que no tuvo grandes implicaciones económicas porque no fue una crisis de deuda, en contraste con la grave crisis de las hipotecas subprime de 2007-2009. Podemos conjeturar que una crisis de la IA —por ejemplo, que las grandes inversiones en centros de datos no produzcan los beneficios esperados— hará más o menos daño dependiendo de si estas inversiones se han financiado en gran parte con deuda o con ampliaciones de capital, algo que algunas empresas tecnológicas ya están haciendo. No cabe duda de que la IA tendrá un gran impacto en la economía, la cuestión es a qué ritmo y cuáles serán las empresas ganadoras. La sacudida del mercado hará que algunas empresas no sobrevivan o que otras sean absorbidas.

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Un tercer riesgo es una potencial inestabilidad del dólar, dada la trayectoria de endeudamiento creciente de EE.UU. y la volatilidad de sus decisiones de política económica. No es normal que en un momento de perturbación económica, como fue en abril del 2025, el dólar se deprecie y la demanda de bonos del Tesoro de EEUU, el activo más seguro del mundo, afloje. Normalmente ocurría lo contrario por el papel central del dólar en el sistema monetario mundial.

En Europa, los problemas económicos de Alemania —con el aumento de costes energéticos y con la industria exportadora, como vehículos y química— pueden mejorar con el aumento de la inversión en infraestructura y defensa, que puede sacarles de la recesión. Francia preocupa por su elevado endeudamiento y carencia de disciplina fiscal, en un contexto de bloqueo político. Su modelo económico se ha caracterizado por financiar el estado del bienestar emitiendo deuda, una estrategia insostenible que probablemente continuará en 2026, hasta que los mercados y el Banco Central Europeo digan lo suficiente. La prima de riesgo de su deuda pública es mayor que la de España o Italia, que ahora se ven más estables; Italia, gracias al control del déficit público, y España, por su crecimiento económico, que se moderará en el 2026 pero que se proyecta superior al 2%. The Economist ha declarado que, entre los países de la OCDE, España es la cuarta economía que mejor lo ha hecho en 2025, y Portugal la primera. El Ibex ha crecido cerca del 50%, eso sí, desde un nivel bajo.

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Los resultados de la economía española se deben a un gran flujo de inmigrantes, asociado a actividades de bajo valor añadido y salarios bajos, el impulso de los fondos Next Generation, y costes de la energía bajos por las renovables, por lo menos hasta el gran apagón. Es un modelo de crecimiento extensivo que es sostenible mientras los vientos de cola (turismo, por ejemplo) sigan. Este modelo no ayuda al estado del bienestar, dado que éste no depende tanto del PIB como del PIB per cápita, que sufre un estancamiento relativo. Sin embargo, en 2025 ha revelado brotes verdes en la exportación de servicios de alto valor añadido. La esperanza para 2026 es que se consoliden y que los sectores más avanzados ganen peso en la economía.