Rodalies, un servicio sin alma

Este desastre de Rodalies y Adif en Cataluña ya no va de un problema de inversión que requiere años de obras para recuperar décadas de desatención. El problema es que Rodalies no es una entidad real con un proyecto común, sino un conjunto disperso de vías, catenarias, trenes, sindicatos, empresas y gobiernos, todos solo pendientes de su trozo. A riesgo de que sea demasiado pronto para la metafísica, el problema de Rodalies en Cataluña es que no tiene alma. Los que trabajan allí con espíritu de servicio no deben tener poder, y los que tienen poder no deben tener espíritu de servicio.

Rodalies está en manos de los maquinistas que deciden a su antojo si trabajan o se niegan, y de una Renfe y una Adif que lo primero que hacen cuando hay una incidencia es decir que es por “causas ajenas a la compañía”. El gobierno de Cataluña no tiene poder ni autoridad. Y al principal responsable de esta carcasa vacía, el ministerio de Transportes y Movilidad (“movilidad” es como una burla para los usuarios de Rodalies), el servicio de los trenes del Estado en la región del noreste le importa un bledo, porque siempre le ha pillado muy lejos. Y no importa cuándo leáis esto, porque es igual con el PP que con el PSOE. De hecho, el actual ministro, el socialista Óscar Puente, es autor de la frase: “El tren vive en España el mejor momento de su historia”, que es un eslogan que debería tener el valor de colgar en todas las estaciones de este país, a ver si la gente está de acuerdo.

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Si a los usuarios no les puedes dar trenes o autobuses, dales información, al menos. Ayer expulsaron a un periodista de RAC1 que estaba en el andén de Sants intentando dar la información que la gente no tenía. Si tu empresa tiene alma, tu cliente te importa.