Russell Crowe y los 344 cerdos

1. El próximo domingo, en la víspera de San Pedro, hará siete meses que se detectó el primer jabalí infectado de peste porcina africana. Desde entonces, 344 jabalíes de los 7.354 que se han analizado han dado positivo. O, dicho de otro modo, hay 7.010 animales capturados en la zona de riesgo que han resultado ser negativos y que campaban tan a sus anchas. En la última semana, concretamente, el Departamento de Agricultura ha confirmado dos nuevos positivos de peste porcina africana en la zona que ya engloba diecinueve municipios y los accesos al Parque Natural de Collserola. Uno de estos dos cerdos infectados merodeaba por Sant Just Desvern, el otro hacía vida en Castellbisbal. Dado que se han analizado muestras de 569 jabalíes en una semana, que solo dos hayan dado positivo significa que el número de infectados es del 0,4% de los cerdos.

2. Estas son las cifras actualizadas semanalmente por el gobierno de todos –también de los jabalíes–. La población, en cambio, tiene la sensación de que no se hace lo suficiente, que no se hace lo suficientemente rápido y que ya son demasiados meses sin poder pasear por Collserola y sus alrededores. Y entonces la gente que ya está mosca, que se ha tenido que buscar la vida para caminar por rincones menos verdes o que ha tenido que reinventar rutas en bicicleta por zonas asfaltadas, pone el Telenotícies y ve que la película que se tenía que rodar en los bosques de Sant Cugat, dentro de la zona restringida, sí que se está filmando. A pesar de que el 22 de mayo la Generalitat congeló la producción, un mes después el rodaje de The last druid sale adelante con el visto bueno del consejero Òscar Ordeig, que sale en la tele justificándolo. Adelante, pues. Cámaras, figurantes, gente de atrezzo, los de decorados, los del catering y todos adentro para no dejar de producir la película de Russell Crowe. Eso sí, la noticia enseña cómo han cerrado la zona con alambres y con qué cuidado sulfatan los neumáticos de las furgonetas cuando entran y salen del terreno perimetrado. Mientras tanto, los restaurantes y negocios de la zona hace medio año que pierden bueyes y rabo porque la clientela no puede acceder.

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3. La misma noche de la noticia sobre la película tenemos una cena con toda una pandilla de amigos que nos movemos entre la cincuentena y la sesentena. La indignación es grande. Todos los que hasta ahora se abstenían de caminar por la carretera de las Aguas han decidido, a partir de ya, saltarse las prohibiciones, las señalizaciones y todo el alud de carteles, para volver a caminar y correr por donde les dé la gana. La sensación es de “o jugamos todos o rompemos las cartas”. Si Hollywood pone dinero sí que se puede pasar, ¿pero tú que pagas impuestos te tienes que quedar en casa? ¿Cómo funciona esto? Las amigas se expresan con contundencia. Están hartas de un confinamiento que les parece estéril. De todos los que estamos en la cena, solo una persona reclama mantener la solidaridad, invoca el espíritu que vivimos en pandemia, de hacer caso a las normas excepcionales para erradicar la peste porcina africana e impedir que llegue a las granjas de cerdos, que sería una catástrofe para una parte nuclear del sector agroalimentario en Cataluña. El resto se le echan encima diciendo que no se está haciendo nada.

4. De hecho, se hace. Pero la comunicación no llega porque entre las joyas de Zapatero, las idas de olla de Trump y las lesiones de Raphinha estamos distraídos con otras cosas. Los datos, sin embargo, son contundentes. Desde el 1 de enero, en Cataluña, se han capturado 26.587 jabalíes. Dentro de la zona de riesgo se han instalado 57 trampas y 60 pigbrigs, que son trampas colectivas. Y, solo la semana pasada, tuvimos 1.744 personas a la caza y captura de jabalíes. El dato que no he conseguido encontrar es, sin embargo, cuántos jabalíes quedan y a partir de qué cifra la gente tendrá la misma libertad que Russell Crowe.