¿Seremos siervos de la IA?
El goteo de malas noticias sobre la evolución del mercado laboral catalán ha disparado alguna alarma. Por un lado, los ERE anunciados por Nissan, Nestlé y Mediapro. Por otro, la ralentización en el crecimiento de la ocupación según los datos de la Encuesta de Población Activa.
Una de las causas, sin duda, es el contexto geopolítico. Aunque nuestra atención, siempre volátil, ya ha girado hacia el hantavirus y las alegrías deportivas, la guerra con Irán y el bloqueo de Ormuz, integrados de lleno en nuestra cotidianidad, continúan afectando la inflación y perjudicando las perspectivas de crecimiento para este año. Y, de fondo, el runrún de los impactos de la inteligencia artificial generativa, que parece estar en todas partes y en ninguna a la vez. Nissan acompaña su ERE firmando un acuerdo estratégico con una empresa británica de IA para poder incorporarla a sus nuevos vehículos. Nestlé justifica la reducción de personal aludiendo a la digitalización y a un nuevo modelo empresarial, y Mediapro opera en un sector en transformación. Pero son palabras genéricas y poco concretas. El impacto de la IA en el mercado laboral requerirá indicadores mucho más específicos.
Hay que decir que no siempre es sencillo trasladar esta tecnología al mundo empresarial: falta de conocimientos, pruebas fallidas, exceso de coste o agentes imperfectos. Por tanto, dotarnos de la capacidad de distinguir entre el potencial y la realidad es imprescindible. En este sentido, Anthropic propone diferenciar entre la “capacidad teórica” de estos modelos y la “capacidad real”, es decir, la que se aterriza en el día a día de los trabajos. Según un estudio de esta empresa de IA, algunos trabajos con un margen altísimo de automatización, superior al 90%, como las finanzas o la entrada de datos, por ahora solo la incorporan en el 33% de las tareas. Esto apenas está comenzando. Y lo que de momento se constata en el mercado laboral es la disminución de la contratación de personas jóvenes, recién graduadas, formadas hasta las orejas pero sin experiencia, en aquellos trabajos más susceptibles de ser automatizados.
Pero esta tecnología, que ya acapara el 60% de la inversión mundial en start-ups, mejora de manera exponencial, y su ritmo de adopción, por ahora asumible, puede dejar de serlo. Ante la expectativa de una IA que pueda mejorarse a sí misma, prevista entre 2028 y 2030, encuentro acertada la frase del estudiante de Harvard Chanden Climaco cuando dice que “estamos creando máquinas que serán mucho más inteligentes que nosotros, lo estamos haciendo tan rápidamente como podemos, y no tenemos ni idea de qué pasará cuando lleguen”.
Mientras tanto, para los futuristas, echad un vistazo –pero no os apuntéis– a la web RentAHuman, que pone en contacto a personas con agentes de IA que requieren un cuerpo físico para poder desarrollar algunas de sus funciones: hacer encargos, hacer comprobaciones visuales de espacios o descripciones sensoriales, entre otras. 900.000 personas ya se han apuntado en todo el mundo. Yo he entrado pero no he completado el registro. Todavía tengo trabajo y mis jefes son de carne y hueso. De momento.