Viaje a Sicilia De 'El Gatopardo' En ruta
31/03/2026
Escritora
2 min

Ver y pisar el volcán Etna cubierto de nieve es una experiencia privilegiada. La viví la semana pasada como un fulgurante inicio de una estancia en Sicilia acompañando a un grupo de suscriptores de l’ARA. Recorrimos la isla siguiendo el rastro de Il Gattopardo y de su autor, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y nos saciamos de belleza y arte, todo ello deslumbrados aún por el impacto de la nieve blanquísima salpicada de bombas volcánicas negras como el carbón.

Trepar hundiendo los pies en la nieve hacia un cráter que la niebla comenzaba a tapar, entre bromas sobre la película Balandrau, fue una buena manera de romper el hielo con los compañeros de viaje, algunos de los cuales se conocían de una experiencia similar anterior en Apulia. De inmediato fue fácil constatar que este diario ha construido una comunidad de lectores que tiene un montón de intereses en común por toda Cataluña.

Durante esta semana, todo fue abundante: la simpatía, el arte, la lluvia, la buena comida. Estuvimos deslumbrados por la belleza de las iglesias, la magnificencia de los palacios, la omnipresencia del sentimiento religioso y el orgullo siciliano por un pasado marcado por el rastro de tantas culturas –griegos, romanos, árabes, normandos, bizantinos, españoles, catalanoaragoneses– que han ayudado a hacer de Sicilia un lugar único en el mundo. La migliore al mondo es quizás la frase que más hemos oído estos días.

Viajamos con los sentidos despiertos para recibir todo tipo de placeres: crema de pistacho, pescado fresco, chocolate, limones gigantes; el teatro griego de Siracusa, el barroco tardío de Noto, los mosaicos espectaculares de la villa romana del Casale, en Piazza Armerina, el escenario de los recuerdos de infancia de Tomasi di Lampedusa en Palma di Montechiaro, el Valle de los Templos de Agrigento (llegamos de noche y los vemos iluminados, y el autocar se llena de chillidos de pura alegría), los mosaicos bizantinos de los palacios e iglesias normandas de Palermo.

Cuando ya empezábamos a temer que acabaríamos rendidos por el famoso síndrome de Stendhal, llega la culminación: una visita privada al Palazzo Gangi, de Palermo, donde se rodó Il Gattopardo de Visconti, magníficamente conservado y repleto de maravillas diversas: jarrones chinos, lámparas de araña de Murano, porcelana fina, mosaicos impresionantes, pintura, mobiliario. No damos abasto.

Es el escenario de la gran historia escrita por Lampedusa. La mayoría de los viajeros la hemos leído para viajar a Sicilia y, cuando dejamos la isla, tenemos la sensación de haber entendido mejor la frase de la novela que se hizo famosa y que muchos lectores dicen de memoria: Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi. La dice el sobrino del príncipe Tancredi, cuando la noble familia Salina se ve amenazada por los aires de cambio que trae Garibaldi. Al conocer mejor la historia de la isla es fácil comprender que la adaptación ha sido la manera siciliana de sobrevivir.

Sicilia –invadida como casi todo por el turismo– consigue mantener su personalidad exuberante y caótica, insistentemente quejosa del norte pero siempre ufana de su pasado turbulento pero enriquecedor. Los sicilianos están convencidos de que santa Ágata y santa Rosalía les podrán proteger de todos los males que puedan venir de fuera. Trump incluido.

stats