Cuando te sientas atacado
En esto que llamamos sociedad "polarizada", la última gran trinchera que separa bandos es la de la edad: se trata de enfrentar a la gente mayor y a la gente joven. Boomers contra zoomers (que tiene su extensión en la separación entre los que heredarán algo y los que no heredarán nada). Es un debate agrio, que va más allá del clásico "cuando yo era joven" o "en mi época". Hay quien extiende un resentimiento generacional de manera que los jóvenes vean a los mayores como los privilegiados de la historia, con su pensión, su piso pagado y su segunda residencia, y los mayores miren a los jóvenes como una generación de cristal que se queja por todo, no se compromete a nada y se resquebraja así que sopla el viento.
No caigamos en la trampa, sobre todo los más mayores: si quieres envejecer prematuramente, conviértete en un viejo gruñón. Pero si quieres entender el mundo en el que vives, escucha las razones de los jóvenes y entenderás que, en el fondo, aquello que los hace sentir excluidos es lo mismo que a ti. Se están debilitando los vínculos que unían a los alumnos con los maestros, los vínculos que unían a las familias con la escuela, las relaciones entre trabajadores y empresas, entre empresas y consumidores, entre sociedad y medios de comunicación, y entre ciudadanos y estados, porque una nueva autoridad planetaria, no elegida democráticamente, la economía digital, con sus burbujas, ha comenzado a darle la vuelta a la noción del tiempo y del espacio compartidos.
¿Quién puede no sentir la incertidumbre de un mundo así? Lo mejor es que los jóvenes hablan abiertamente de ello, preguntan directamente e impugnan fuertemente la incoherencia entre lo que les hemos predicado y la realidad a la que se enfrentan. Y lo que es mejor: si fueran de cristal querría decir que son transparentes, y piden que nos arremanguemos en la denuncia de aquello que no nos gusta, en vez de sentirnos atacados.