En la categoría de humor negro, el chiste del día es para Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, que se ha referido al gobierno iraní como "régimen loco". Que el régimen teocrático de los ayatolás sea una dictadura sanguinaria no hace de Trump el paradigma de la estabilidad, por decirlo suavemente. Si se trata de descalificar al enemigo con una patología, hay donde elegir, porque la actual administración estadounidense es el epítome de la incoherencia, la arrogancia, el acoso, la mentira, la ilegalidad y la realidad paralela.
Igualmente, en la categoría de Josep Maria del año, el premio vuelve a ser para Hegseth, que para justificar el ataque de la coalición Estados Unidos - Israel contra Irán ha argumentado que el presidente Trump los tiene bien puestos. Del político que regañó a sus generales porque estaban demasiado gordos y que dijo que "departamento de Defensa" sonaba demasiado defensivo solo podía esperarse un análisis que recordara los que se sentían en el servicio militar obligatorio español pronunciados por subtinentes de discutible sutilidad.
Nuestra nueva realidad es una nueva guerra de duración incierta y de contagio impredecible y con potencial para afectarlo todo, desde nuestra seguridad hasta nuestra economía, e incluso los planes de futuro de nuestra vida cotidiana, Mundial de fútbol incluido. Hemos llegado a un punto de conflictividad bélica que el concepto guerra regional empieza a ser tranquilizador, por lo de "si no ocurre de aquí". Pero Trump tiene demasiados incentivos personales y políticos para seguir demostrando que es lo único que los tiene bien puestos.