El trabajo en la era digital
1. Estamos completando el paso del capitalismo industrial al digital y financiero. Y todo –el trabajo, la democracia, cualquier elemento estructural– se debe leer desde esta óptica, si no queremos quedarnos en la melancolía.
El trabajo nos configura: realización –nos da un lugar en el mundo–; socialización –compartir espacios–; identificación –somos lo que trabajamos, al menos en el capitalismo industrial–; superación –vía lucha por ganar estatus–. Y define los diferentes modelos de sociedad.
En el capitalismo industrial, el referente del trabajo era la fábrica, un lugar singular donde empresarios y trabajadores coincidían cada día. Las instituciones políticas y sociales se organizaban en la lógica burguesía/proletariado, que ha dado una larga historia, con grandes episodios de explotación, pero también con efectos positivos; por ejemplo, la construcción del estado del bienestar, especialmente en el llamado Primer Mundo.
Ahora estamos en otro mundo. Es una aceleración tecnológica sin precedentes la que, en buena parte, marca el paso. La eclosión digital es la expresión de un cambio profundo de modelo. La burguesía se desdibuja bajo la hegemonía de los poderes financieros, y las nuevas tecnologías desbordan la fábrica como marco referencial. Crece una élite fuera de control que pone en riesgo las democracias. Los impactos desbordan fronteras. Y los abismos sociales se profundizan. El mundo se ha hecho más pequeño —estamos más cerca los unos de los otros— y más intenso a la vez.
¿Qué quiere decir "clase obrera", hoy? La fábrica –mito del siglo XIX– y la oficina –novedad del capitalismo de servicios– se desdibujan como espacio social. Y en los países más avanzados, en buena parte, se vacían, hasta el punto de que cada vez se implanta más el teletrabajo. Trabajar desde casa y comprar por e-mail, ni siquiera bajar a la tienda, que antes era un lugar de socialización. ¿Qué lo hace posible? El mundo digital. El trabajo se individualiza; los trabajadores se alejan; la relación personal, directa, con los compañeros y los empresarios, decae; la pantalla manda.
¿Un fenómeno de reindividualización? Lo privado recupera fuerza, pero, al mismo tiempo, en las redes la gente se exhibe más que nunca. Lo digital penetra irremisiblemente en la intimidad familiar. Se habla menos, ocupados con los mensajes. Las redes se han convertido en el nuevo marco de socialización (o quizás de dispersión), sin salir a la calle. Fuera de lo digital no hay vida. Lo cual significa una nueva fractura: digitales/analógicos.
¿El trabajo está dejando de ser el eje articular de la sociedad, en un momento en que las máquinas atrapan cada vez más trabajos? ¿Cómo se articula la sociedad sin el trabajo como referencia? Dicho de otra manera: ¿cómo evitar los abismos de exclusión en este nuevo marco?
2.¿Hay que profundizar en el trabajo a distancia, que entra de lleno en la lógica de la individualización, del desdibujamiento de los espacios colectivos? La fábrica creaba comunidad. Ahora la socialización se hace por las pantallas, con todo lo que esto significa para la mutación de la manera en que los humanos estamos en el mundo. Del contacto físico al contacto virtual. Trabajar desde casa. Confusión entre lo público y lo privado. Pérdida de espacios singulares, propios.
Vamos hacia nuevas relaciones de poder y dominación. ¿Y cuál es la consecuencia? Una concentración muy considerable del poder en manos de muy pocos, que dominan precisamente los instrumentos actuales de socialización: las redes sociales. El mundo digital puede reemplazar gran parte de la mano de obra y la IA puede hacer estragos en la actual pirámide de poder.
¿Qué será de los sobrantes, de los que no hacen falta? El capitalismo industrial era encarnado –cara a cara–; el financiero y digital es de pantalla. Al mismo tiempo, el acceso al mundo digital no es horizontal: no todo el mundo llega igual, pero es un peaje imprescindible. En consecuencia, las fracturas sociales se agravan y los sectores con riesgo de quedar fuera de juego crecen.
El trabajo fue vivido como un factor de emancipación en el curso de la revolución industrial y dio entidad y reconocimiento a las clases trabajadoras frente a sus amos. ¿Y ahora qué? ¿Nuevo trabajo, nueva sociedad? ¿Más máquinas y menos personas? ¿Realmente podemos creer, ingenuamente, que las máquinas harán posible nuestra emancipación individual, liberándonos de cargas, que es la promesa con la que se nos quiere seducir?
Hemos articulado las sociedades alrededor del trabajo: la obligación que nos han enseñado desde pequeños, nuestro destino. El trabajo como ilusión que llevaba hacia la emancipación. Si el trabajo muta, ¿hacia dónde iremos a parar? Algunos hablan del despliegue del cuidado, de la atención a los demás. ¿Acabaremos haciendo de la amistad un oficio? Si el capitalismo industrial representó la movilización masiva hacia la fábrica, el financiero y digital, ¿dónde nos llevará? Una invitación de Foment del Treball me ha llevado a esta reflexión.