Leo en el ARA la noticia sobre el nacimiento del hijo de los actores Úrsula Corberó y Chino Darín, que son noticias que siempre nos gustan. El padre del bebé ha explicado así la razón por la que el parto ha estado en Barcelona: "El niño nace donde la madre quiere y me parece bien que sea así. Que ella se sienta cómoda, que se sienta que está en su tierra y que se hable su lengua materna, que creo que es importante".
Cuando tienes hijos hay una parte de ti que se conecta con la tierra, con los ciclos, con la naturaleza. De repente, aspectos de la vida como la alimentación, la cultura y el cuidado ya no te son ajenos. Es el momento de tu vida en que la fragilidad de la cabecita de aquella criatura indefensa te estremece y te hace desear –del todo sinceramente– paz eterna. La transmisión de la lengua es parte de estas tres cosas, y dice mucho del padre que será Chino Darín y del compañero que es. La madre del niño seguro que, durante el embarazo, se tocó la barriga y charló con ella en la lengua materna, que es la lengua materna de su madre. Quizás durante el parto renegó en esta lengua y los días que vendrán lo hará también, quejándose de los puntos. No tendría importancia, la frase de Chino Darín (excepto para hacernos comprender que comprende que quien debe elegir dónde parece es la madre), si no fuera porque a veces aquí donde vivimos esa normalidad se olvida. Chino Darín encuentra normal, bendito sea, que Úrsula Corberó pudiera hablar su lengua en el momento del parto. Me parece muy humanista. Quien da importancia a las palabras, a la transmisión de la lengua, es también quien da importancia a la comunicación oral, al húmedo, no a las pantallas oa los robots. Todo va atado. La inteligencia que tienen los ganaderos y los campesinos a la hora de realizar el trabajo es el mismo tipo de inteligencia que encuentro siempre en los lingüistas. Y que encuentro también en los padres de ese niño, llamado Dante.