En verano, toda bicha ya no vive

La magnitud de los incendios de estos días en el País Valenciano, en España y en Francia está haciendo titulares en los diarios de todo el mundo, acompañados de reflexiones del tipo de si es razonable ir a hacer turismo en julio en Europa occidental, con estas olas de calor que convierten una simple caminata entre la Sagrada Familia y la Casa Batlló en lo más parecido a una penosa travesía del desierto asfáltico.El fenómeno no es solo europeo, está claro. Horas antes de la final del Mundial eran perceptibles en la ciudad de Nueva York los humos de incendios en Canadá, igual que ahora están respirando en Madrid el humo de los incendios de Castilla. El planeta habla y dice que si continuamos con el business as usual no habrá salvación individual.Si van a tiendas de electrodomésticos o grandes superficies les explicarán que desde hace semanas, aparte de los aparatos de aire acondicionado, no hacen más que vender ventiladores de techo que por precio y por consumo ya se han convertido en el elemento estrella del kit de supervivencia estival para habitaciones poco ventiladas y noches tóridas en general.El contraste entre los daños que ya nos está haciendo el cambio climático y la lentitud de la respuesta es tan escandaloso como los intereses económicos fuertemente infiltrados en la política que aspiran a depredar el planeta hasta llevarse el último euro. Que ya sean habituales las crónicas del verano sobre las angustias de miles de evacuados de sus casas a causa de los fuegos, y que los incendios devastadores se hayan convertido en una especie de lotería anual al revés, es el final de una época, en la que hasta las frases hechas están en discusión. A ver cómo sostenemos que en verano toda cuca vive.