Que viene el lobo

El río de Heráclito, la caverna de Platón, la navaja de Occam, y así ir recorriendo siglos hasta el líquido de Bauman. Cuando los filósofos han encontrado la metáfora más adecuada para convertir su pensamiento abstracto en un hecho concreto, la idea se ha ido transportando de generación en generación.

Dos apasionados de las artes y la filosofía, Merlín y Pedro Alcalde, y el artista Guim Tió, han tenido el pensamiento de reunir en un libro coloreado, de aquellos de tapa dura y tamaño grande de libro infantil (Metáfora, Zahorí), una selección de 24 conceptos clave de la historia de la filosofía, expresados ​​con una palabra y representados con una imagen simbólica que remite a un pictograma. Los autores recuerdan que metáfora proviene del griego antiguo, y quería decir traslado y que, aún hoy, el griego moderno de los camiones lo llama metaforé.

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El viaje del pensamiento desde los presocráticos hasta nuestros días es espectacular. Como dijo Eduard Punset, con la claridad descomida e irónica que gastaba, el cerebro acaba encontrándose encerrado en un caparazón oscuro y húmedo y va, y se mete a pensar.

La metáfora que nos remite a Hobbes es lobo, claro, y constituye la prueba dramática de la traza que hemos tenido desde siempre (tan evidente estos días) para comportarnos como lobos para los demás hombres o, como dicen los autores, el ser humano como “víctima y verdugo” de sí mismo.

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Cuando la metáfora ha dejado la palabra y se ha hecho carne en forma de noticia televisada, la condición de lobos para otros hombres ha acabado siendo como una condena sin escapatoria. El arte aún se rebela. Una instalación en forma de rótulo de neón del artista americano Demian DinéYazhi' dice: “Debemos dejar de imaginar la destrucción, la deforestación, las jaulas y las torturas, los desplazamientos masivos, la hipervigilancia y el genocidio, hemos de dejar de predecir el apocalipsis e imaginar caminos de liberación”.