Volver a Haifa

Hasta el día 26 de este mes estáis a tiempo de ir al teatro Heartbreak Hotel, en el corazón de Sants, a ver Retorn a Haifa, la magnífica adaptación del relato del mismo título del escritor palestino Ghassan Kanafani que Àlex Rigola ha adaptado y dirigido, con un elenco de cuatro actores y actrices que ofrecen unas interpretaciones literalmente impresionantes: Chantal Aimeé, Jordi Figueras, Ariadna Gil y Carles Roig. Retorn a Haifa, el relato original, es una novela-testimonio que narra el reencuentro de una madre y un padre con su hijo veinte años después de haberlo tenido que abandonar, cuando tan solo era un bebé, a causa de la Nakba, es decir, de la expulsión de los palestinos de su país dejando atrás todos sus bienes y también, a menudo, a sus seres queridos. Esto sucedió en el año 1948, recién fundado el Estado de Israel. El matrimonio protagonista regresa allí veinte años después (Kanafani escribió el relato en el año 1969; lo podéis leer en catalán en la traducción de Anna Gil Bardají, publicada por Club Editor) para reencontrar su ciudad, sus calles, su casa, aparentemente como las dejó, pero ahora en manos de los ocupantes. Y para conocer a su hijo. El quiebre, la herida, es imposible de reparar o de sanar.Regreso a Haifa, la obra teatral, trae todo esto a escena con una austeridad y una autoridad incontestables. Nada más entrar en la pequeña sala del Heartbreak Hotel el espectador es recibido por Rigola y los cuatro intérpretes, y el director presenta brevemente la función: la llama teatro de urgencia, concebido para dar respuesta artística a una de las grandes crisis políticas y humanas de nuestro tiempo: el genocidio de Gaza perpetrado por el gobierno y el ejército de Israel ante la pasividad, o la anuencia, o la connivencia, de la comunidad internacional. Es teatro literario, teatro de texto: los actores y las actrices sirven el texto escrupulosamente, a la vez que lo dramatizan con una profundidad limpia de afectación alguna, a los antípodas de cualquier tentación de énfasis. Decir que el resultado corta la respiración en diversos momentos es exacto. La extensión de la obra es de una hora escasa, pero llega lejos y hondo.La infamia de Gaza, de Cisjordania, sigue su curso mientras la siguen también las guerras en Irán, en Líbano, en un Oriente Medio incendiado por Netanyahu y Trump, dos criminales de guerra que han llevado el planeta a un agujero negro lleno de destrucción y de cadáveres, mitad por su propio provecho, mitad por el provecho de las élites que los sostienen, mitad por el delirio del ejercicio del poder absoluto e impune. Un poco más allá está Putin en Ucrania y, por debajo, sangrando como siempre, Yemen, Somalia, el Congo. Ante todo esto, encerrarse una tarde a ver Retorno a Haifa dentro de un teatro como el Heartbreak, donde todo está en primer plano y donde los actores no pueden ni quieren esconderse (pero los espectadores tampoco), puede parecer una respuesta simplemente simbólica. Pero no es así: es una respuesta activa, significa afirmarnos en la humanidad y la civilización frente a la atrocidad y la barbarie. Y es teatro excelente, de lo mejor que se puede ver ahora.