Vuelve a decirlo, el valenciano es catalán (y viceversa)

El diario valenciano Las Provincias, que lleva décadas a ofrendar nuevas glorias en España y que es de un ultranacionalismo de mojama y porrón, lo anunciaba este fin de semana en toda portada: “Los libros de texto tendrán prohibido por ley decir catalán al valenciano”. Nos hemos permitido traducir la versión original en castellano, ahora no estamos seguros si al valenciano, al catalán, o incluso al mallorquín o al vilafranquino de Bonany. Es imposible ver Las Provincias y no recordar los tiempos gloriosos de la dirección de María Consuelo Reyna, cuando el diario llevaba una sección llamada El Cabinista que recogía mensajes anónimos en los que se facilitaban teléfonos y direcciones particulares de varios enemigos de España.

Pero no nos desviemos. Lo que celebra Las Provincias es una proposición de ley, presentada el pasado viernes por PP y Vox, que llaman “ley de libertad educativa” y que se propone acabar con el modelo educativo vigente en el País Valenciano, particularmente con lo que consideran “imposición del valenciano”, y que no es otra cosa que la enseñanza de y en la lengua propia del país (o comunidad, como le digan). No deberíamos cansarnos de denunciar la apropiación que han hecho (en España, y en todas partes) las derechas más extremas de la palabra “libertad”, a la que primero vaciaron meticulosamente de contenido y después han vuelto a llenar –como quien rellena una momia– con su discurso de odio contra los distintos. La resignificación de ideas y palabras clave es una herramienta fundamental del discurso de la ultraderecha, y si la izquierda no sabe reaccionar dando al lenguaje la importancia primordial que tiene, nos encontraremos –ya nos encontramos– en una situación en la que nada ya no quiera decir nada y todo dependa de lo fuerte que se llame y lo graves que sean los insultos que se profieran.

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En la práctica, la nueva ley instaurará una vieja idea del PP, que Vox también comparte, y es la "libre elección" de las familias del idioma en la que los hijos reciban su educación. Esto significa prácticamente condenar a la desaparición el valenciano de las zonas en las que la población es mayoritariamente castellanohablante, y debilitarlo significativamente en todo el territorio. Y después está la también vieja obsesión de la cuestión de nombres, como llamaba Joan Fuster: es decir, separar el “valenciano” del “catalán”, como si fueran dos lenguas distintas. Si es necesario, inventando orígenes y cronologías distintas, etc.

Bien, todo esto, lisa y llanamente, es fascismo. Alguien puede decir que es una palabra de la que también se abusa, pero en este caso concreto es la correcta. Legislar y gobernar contra las lenguas diferentes del castellano es una bandera que ha levantado siempre bien alta, y que identifica plenamente, el fascismo español, el nacionalismo de raíz falangista y franquista, que también lleva en su programa cultural el enaltecimiento de la tauromaquia (nos puede hacer tanto de risa como queramos, pero la elección de un torero como consejero de Cultura es toda una declaración de intenciones). Si queréis de verdad combatir el fascismo, aquí, defienda el catalán. O el valenciano, si lo prefiere.

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