2027: el año en el que puede cambiar todo... también Pedro Sánchez
El presidente español enmarcará la convocatoria electoral en un año relleno de comicios en que la izquierda y la derecha se juegan el futuro de la UE
MadridSi alguna cosa se mantiene intacta desde el siglo XVI y XVII en Madrid son los mentideros. Ya no están en las Gradas de San Felipe, sino que la información va y viene por los pasillos del Congreso, el Senado, la Moncloa y más allá. Y, como no puede ser de otra manera, a la altura en la que ya nos encontramos de la legislatura española, el gran tema de conversación ahora es cuándo serán las futuras elecciones. En realidad, solo lo sabe Pedro Sánchez, ya que es quien tiene la prerrogativa para pulsar el botón rojo y solo ha dicho dos cosas claras: que serán en 2027 y que no las hará coincidir con las elecciones municipales y autonómicas del 23 de mayo. Sin embargo, los escenarios son múltiples si se tienen en cuenta las incógnitas que quedan por resolver en 2026 y que el año que viene está repleto de comicios decisivos a ambos lados del Atlántico. Antes de acabar el año, se determinará si un retorno de Carles Puigdemont cambia la estabilidad –hacia bien, espera la Moncloa– de la mayoría plurinacional; si se resuelve la crisis de Ceuta y cómo se configura el calendario judicial, con el juicio por jurado popular a Begoña Gómez como colofón.
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Un alto dirigente del PSOE lo resume de forma diáfana: la legislatura se acaba en julio del año que viene y solo un elemento disruptivo, que diera una ventana de oportunidad a los socialistas, podría hacer cambiar los planes de Pedro Sánchez de aguantar hasta el final. Teniendo en cuenta la evolución de las encuestas, sobre todo después de la entrada masiva de migrantes del 30 de julio, plantear una convocatoria de elecciones inmediata es inverosímil, ya que ahora el PSOE está en su peor momento a raíz de la crisis de Ceuta, que se ha sumado al caso Zapatero y todos los casos que arrastra desde el inicio de la legislatura.
La decisión de Sánchez, pues, tendrá en cuenta tres planes bien diferentes: la evolución de la política interna –si consigue fortalecerse en el tramo final de legislatura–; el clima internacional –con las elecciones de medio mandato americanas como termómetro del estado de la ultraderecha mundial–; y los tribunales.
El tablero global
La Moncloa y el PSOE enmarcan las elecciones generales en una batalla que va más allá de las fronteras del Estado, como se ha encargado de recordar esta semana Sánchez en Nueva York. Allí ha escenificado una alianza con el alcalde Zohran Mamdani, ha plantado a Donald Trump en la recepción de la Asamblea General de la ONU y ha reforzado vínculos con países que tienen una visión similar de las relaciones internacionales. Por ejemplo, Sánchez estuvo en la cumbre de socios a favor del multilateralismo, patrocinada por la UE, Canadá, Australia, Barbados, Brasil, India y Kenia. O en la coalición por los derechos de los niños y su protección en la era de la IA, una iniciativa promovida por el propio gobierno español, en consonancia sobre todo con Francia.
La primera cita relevante en el tablero global será el 3 de noviembre, en las elecciones americanas de medio mandato —con el permiso de Lula da Silva, aliado de Sánchez, que se juega la reelección en Brasil en octubre. El entorno de Sánchez cree que una derrota de los republicanos ralentizaría el ascenso de la extrema derecha mundial, que hasta ahora ha tenido a Trump como punta de lanza, y que esto podría girar el viento a su favor. Es decir, su deseo es haber aguantado un gobierno progresista mientras ha durado el auge de los ultras y que en los próximos comicios en España la ultraderecha ya haya perdido el aura de cambio. Los resultados de Suecia, donde remontaron los socialdemócratas y bajó la extrema derecha han sido esperanzadores para el PSOE, a pesar de las victorias de Alternativa para Alemania en los estados federados de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Sajonia-Anhalt.
Y es que el futuro de la Unión Europea estará en juego en 2027. España, más allá de ser un enclave progresista, ha abogado por más integración europea, un hecho que puede cambiar si el año que viene llega a Madrid un gobierno del PP y Vox, que se han mostrado contrarios a muchas políticas europeas.
No es el único país con peso dentro de la Unión que se puede ver abocado a un cambio así: el 18 de abril hay elecciones presidenciales en Francia –la segunda vuelta será el 2 de mayo–, donde todas las encuestas dan la victoria a la extrema derecha euroescéptica de Marine Le Pen. Por las mismas fechas se sucederán más elecciones regionales en Alemania –con el riesgo de más victorias de los ultras–; Finlandia elegirá nuevo Parlamento –donde los socialdemócratas lideran las encuestas–; Lituania, Chequia y Estonia también irán a las urnas con la amenaza rusa sobre la mesa; y Giorgia Meloni tiene pendiente convocar elecciones también en 2027.
Los escenarios electorales
¿Cuándo le puede ser más favorable, en este contexto, convocar elecciones a Sánchez? Hay una primera ventana de oportunidad entre el domingo 28 de febrero y el 14 de marzo de 2027. Este era el escenario con más opciones inicialmente, previamente a la crisis de Ceuta, y que incluso fuentes socialistas habían prometido al PNV si fracasaban los presupuestos. Pero ahora en la Moncloa recetan calma.
A estas alturas el ministro de Hacienda, Arcadi España, todavía no ha dado señales de que la presentación de las cuentas sea inmediata. Aunque la ley establece que debería ser antes del 1 de octubre, fuentes conocedoras lo sitúan más hacia noviembre, ya que apenas han comenzado las conversaciones interministeriales. En aquel momento, el gobierno español calcula que ya se habrá producido el retorno de Puigdemont y podrán saber si pueden contar con Junts. Los juntaires no quieren oír hablar de aprobar cuentas, pero el hecho de que ahora negocien el decreto de vivienda da esperanzas al gobierno español, no solo por los presupuestos sino también por el sistema de financiación.
En el primer trimestre de 2027 todavía habría otra ventana de oportunidad antes de los comicios municipales y autonómicos: la primera quincena de abril, concretamente el día 18, aunque esto convertiría aquel domingo en una superjornada electoral en toda Europa: con elecciones en Francia, Finlandia y comicios regionales en Alemania (véase mapa).
¿Y si agota hasta el final?
Cargos del PSOE que se juegan el puesto en las autonómicas de mayo reclaman que los comicios generales sean antes porque no quieren recibir ellos, dicen, el desgaste de Sánchez. Ahora bien, el presidente español no tiene por qué hacerles caso –ya ha descartado el superdomingo como le pedían– y sigue abierta la posibilidad de aguantar hasta el verano. Por ejemplo, convocar elecciones después de San Juan, repitiendo la jugada de 2023. Una cita a las urnas que podría ser en paralelo al juicio por jurado popular a su mujer, Begoña Gómez –todavía sin fecha– y que desde el PSOE ven un revulsivo para sus bases. "Se ha hecho querer", resume una fuente del PSOE, que asegura que ya está la militancia volcada a denunciar que es una víctima de la persecución judicial.