Alianza Catalana protagoniza (sin estar) la ofrenda a Rafael Casanova

Partidos y entidades alertan del peligro del auge de la extrema derecha

11/09/2026 - 15:45 h.

BarcelonaEs habitual que Aliança Catalana plante la tradicional ofrenda floral en el monumento en honor a Rafael Casanova, el último consejero en jefe de Barcelona que luchó en 1714, porque la extrema derecha independentista prefiere homenajear al general Josep Moragues, héroe de la Guerra de Sucesión que Felipe V decapitó para exponer su cabeza durante doce años en el Portal del Mar, como advertencia a los catalanes. Pero la ausencia de Sílvia Orriols en el centro de Barcelona no ha impedido que su partido haya sido el protagonista en las intervenciones de los grupos políticos, entidades y sindicatos.

A pesar de tener solo una alcaldía –Ripoll– y dos diputados en el Parlament, las encuestas auguran un fulgurante crecimiento de Aliança Catalana que condiciona el debate político en el país. El auge de la extrema derecha es el gran peligro que señalan tanto el Govern como los partidos independentistas tradicionales. El testigo del discurso que hizo este miércoles el presidente, Salvador Illa, lo ha recogido la portavoz del ejecutivo, Sílvia Paneque. Se ha vestido de Josep Pla para defender la Cataluña del "trabajo bien hecho" y, al terminar, ha hablado de una tierra "sin exclusiones". Por eso, ha insistido en la defensa de la "convivencia".

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El presidente del Parlament, el juntaire Josep Rull, todavía ha remachado más el clavo: ha defendido la "nación de acogida y de integración" y ha destacado la figura de Paco Candel, añadiendo que "la esperanza es más poderosa que el miedo". Su defensa de "la unidad" de un país de "8 millones de catalanes" ha sido significativa, en la línea del mensaje que su padre político, Jordi Pujol, ha enviado a Catalunya Ràdio, donde ha reivindicado la Diada como una celebración "tanto de los que acaban de llegar como de los del año 30 del siglo pasado". El secretario general de Junts, Jordi Turull, también ha lanzado un mensaje implícito a Aliança Catalana: "No convirtamos la revuelta de las sonrisas en la revolución del odio". Ahora bien, se ha centrado en criticar a Illa por su acción de gobierno, que provoca que "la nación se vaya deshaciendo" y "fomenta la polarización". No es la primera vez que los juntaires acusan a los socialistas de inflar a Aliança Catalana, que, de rebote, resta votos al soberanismo clásico y, en especial, a Junts.

ERC también ha cargado contra "los reaccionarios" de Aliança Catalana, que "empequeñecen" el país, pero ha tenido ocasión de censurar al ejecutivo, que "gobierna Cataluña como una comunidad más" desde la "debilidad" y "sin ambición nacional", a pesar de defender el nuevo modelo de financiación pactado entre republicanos y socialistas como una vía de crecimiento para Cataluña.

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Incluso los sindicatos mayoritarios, UGT y Comisiones Obreras, han seguido el mismo hilo conductor: han afirmado que "la construcción nacional de Cataluña es indisociable de la lucha contra el racismo" y han pedido no votar a la extrema derecha. Quien ha sido más contundente ha sido Òmnium tanto en la ofrenda como en su acto propio posterior. Su presidente, Xavier Antich, ha pedido combatir "a los monstruos" de la extrema derecha de Aliança Catalana, que "se extiende como la peste" y supone la gran "encrucijada" que tiene Cataluña como país. La líder de Comuns en el Parlamento, Jéssica Albiach, y el ministro de Cultura y dirigente de Sumar, Ernest Urtasun, también han avisado de que no permitirán que "ningún extremista venga a dar carnets de catalanidad" ni se ponga a "levantar muros entre catalanes". Lo que también ha habido ha sido el llamamiento a la unidad de las entidades independentistas, como la ANC, y de la defensa del catalán, como Plataforma per la Llengua.

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Tanques por todas partes

Hace unos años, la ronda de San Pedro de Barcelona había estado llena hasta la bandera de catalanes que querían disfrutar de la Diada, pero ahora ni aunque quisieran podrían, porque los Mossos restringen el acceso a primera hora al monumento de Rafael Casanova. El despliegue de vallas cerrando el paso provoca que la expresión de los ciudadanos –aplaudir, silbar o cantar– sea cada vez más complicada de ver y sentir. Es de lo que se quejan Rosaura, Joan y Mercè, barceloneses y sabadellenses que apenas pueden ver nada. Es más fácil seguirlo por la televisión. Más allá de la desmovilización, que ya explicó que la primera Diada de Salvador Illa estuviera marcada por la ausencia de abucheos a diferencia de la etapa de Pere Aragonès, las barreras policiales han desdibujado la jornada. Son motivos de seguridad, según la policía catalana, que este miércoles ya tuvo que intervenir para evitar una batalla campal en el Fossar de les Moreres, donde se reunieron decenas de seguidores de Aliança Catalana y cientos de militantes de la izquierda independentista.

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