Ayuso entregada a la guerra de Trump
MadridUna guerra de las dimensiones y trascendencia de la iniciada en Oriente Medio merecía desde el principio un debate serio y documentado sobre los antecedentes y las posibles repercusiones del conflicto. La forma que ha cogido esta cuestión en lo que respecta a la política española en general ya deja mucho que desear, pero si nos situamos en otro nivel administrativo, el de la Comunidad de Madrid, las cosas empeoran. No resulta sorprendente, porque durante esta legislatura ha sido habitual que el PP madrileño, y muy en especial su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, haya buscado la confrontación con el presidente del gobierno, Pedro Sánchez.
Pero hay maneras, y en esta materia ya quedan pocos límites por superar. Por un lado, el debate registrado no tiene nada de constructivo, ni siquiera para conocer y confrontar posiciones, y, por otro lado, no ayuda en nada al líder popular, Alberto Núñez Feijóo, que a pesar de su aproximación a Vox –consecuencia de los resultados electorales–, no saca ningún provecho de las incursiones de Ayuso en el área de la política internacional. La lectura de la guerra en curso como una situación inevitable y en el fondo positiva porque de lo que se trata es de hacer caer las injusticias del régimen de los ayatolás y de instaurar inmediatamente después la democracia en Irán era una versión que no se sostiene ni por la parte de la opinión pública que se siente menos conocedora del conflicto.
Una de las aportaciones, en referencia a Pedro Sánchez, de la presidenta Ayuso al debate ha sido: “A nosotros nos parece muy llamativo que el «No a la guerra» provenga de una persona que promueve la guerra entre españoles”. Apreciación a la que el ministro de Fomento, Óscar Puente, respondió que “en estos días en que se habla de desclasificar expedientes clínicos, quizás es una buena ocasión para desclasificar alguno”. La frase de Puente estaba relacionada con las especulaciones y fábulas publicadas sobre la salud del líder socialista.
Aludiendo otra vez al expediente de Ayuso, añadió que “eso de decir que el presidente del gobierno anima la guerra entre españoles es un disparate que no se compadece con un estado mental mínimamente normal”. Más político suele estar el ministro Óscar López, que tiene clasificada Ayuso como “la lideresa de la ultraderecha española”, entre otras razones por negarse a aplicar algunas leyes estatales en Madrid, como las del aborto o la vivienda.
En todo caso, el intercambio de bofetadas sobre la guerra describe bien cuál es el tono general que ha cogido el debate sobre las consecuencias del ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, y que se va extendiendo por diversos países de Oriente Medio. Ayuso busca saltar fronteras y adquirir un cierto perfil internacional intentando que sus manifestaciones tengan alguna difusión y buena acogida sobre todo en Estados Unidos, pero también en Israel, relación que ha mimado en diversas ocasiones. En principio, el viaje de la presidenta madrileña a Nueva York, la semana pasada, era para atraer “turismo e inversiones”. Se ha publicado estos días que quería incluso convencer un fondo para hacer un nuevo estadio para el equipo del Rayo Vallecano.
No sé qué éxito habrá podido tener Ayuso en la isla neoyorquina de Manhattan, pero en el barrio de Vallecas no lo tendría fácil. Buena parte de la afición de Vallecas no quiere oír hablar del eventual traslado de su campo, que es antiguo y deficiente en varios aspectos, pero es con el que los seguidores del equipo se sienten muy identificados. Al margen de esta anécdota, para Ayuso ha sido importante dejar constancia de que el discurso oficial español, contrario a la guerra en curso, no es el único que corre por la “terrible Spain”, que dice Trump. El viaje ha buscado incidir en el afán de identificación con las administraciones de Washington y Tel Aviv, es decir, con sus rectores, actuales Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
Para Ayuso, la referencia europea y una fuente de inspiración ha sido la presidenta italiana, Giorgia Meloni, que también es periodista. Pero esta identificación choca en estos momentos con el problema de que Meloni no ha querido implicar a Italia en la guerra. En todo caso, el susto que se ha llevado estos días Ayuso ha sido el de la imputación de su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, por el supuesto delito de revelación de secretos por haber dado a conocer datos de dos periodistas que investigaron al empresario Alberto González Amador, la pareja de la presidenta madrileña, acusado de fraude fiscal.
La negación de Ayuso
En definitiva, si Pedro Sánchez quiere ser la antítesis del José María Aznar que llevó a España a apoyar la invasión de Irak y que formó un célebre trío con George Bush y Tony Blair, Ayuso quiere hacer un papel similar, de negación, en relación con Zapatero y Sánchez. Cuando la presidenta madrileña consigue más titulares es cuando ataca a este último. Y en cuanto a Zapatero, hay que recordar que no se limitó a no levantarse en 2003 al paso de la bandera estadounidense en el desfile militar de la fiesta del 12 de octubre en Madrid, sino que ordenó el regreso de las tropas de Irak y en diversas ocasiones manifestó su apoyo al pueblo palestino poniéndose la tradicional kufia alrededor del cuello.
Ayuso, en cambio, respondió a las movilizaciones para impedir la participación del equipo israelí en la última etapa de la Vuelta ciclista yendo a encontrar a sus integrantes en señal de homenaje y desagravio. Y en el viaje a Nueva York hizo compatible la búsqueda de inversiones con la afirmación de que España es “un país en el que no se puede confiar” porque tiene un presidente que va de la mano “con personas que han representado a ETA”. Curiosa alusión al terrorismo para atacar a Sánchez, cuando pocos días después Ayuso acudió a uno de los actos en recuerdo de las víctimas de los atentados contra los pasajeros de tres trenes en Madrid, el 11-M de 2004, una acción de un comando yihadista que el gobierno de Aznar atribuyó a ETA.
Ayuso no es la primera en interpretar el respeto a los derechos humanos en función de conveniencias. El propio Aznar dijo el jueves pasado respecto al ataque a Irán que “las operaciones que se empiezan, hay que acabarlas”. El mismo día, la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo pidió en otro acto en la estación de Atocha que “no repitamos la historia”, porque “cada escalada puede tener consecuencias devastadoras”.