BarcelonaLa crisis migratoria de este verano ha vuelto a poner Ceuta y Melilla en el centro del debate político entre España y Marruecos. En una entrevista a la televisión árabe Asharq News, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, reconocía el miércoles que la reivindicación de soberanía sobre ambas ciudades "continúa sobre la mesa", aunque pidió "calma" y una solución a largo plazo a través del diálogo. "Dentro de Ceuta hay marroquíes y hay españoles, y seguimos aferrándonos a nuestros territorios", afirmó Ouahbi.
La respuesta del gobierno español no se hizo esperar. Durante una visita a Ceuta el mismo día, la ministra de Defensa, Margarita Robles, sentenció: "Ceuta y Melilla no son españolas, son españolísimas. Por eso, ni Ceuta ni Melilla se tocan”. Así pues, sus palabras reabren una pregunta que rara vez se explica con calma: ¿qué son realmente Ceuta y Melilla y por qué continúan siendo, casi cuatro siglos después, los puntos más sensibles de la relación entre los dos países.
¿Ceuta y Melilla: son colonias?
Melilla está bajo la soberanía de la corona de Castilla desde su conquista en el año 1497. Ceuta lo está desde el Tratado de Lisboa de 1668, cuando Portugal se independizó de España y la ciudad –que ya llevaba dos siglos y medio bajo dominio portugués– pasó a manos españolas. Ambas integraciones son, pues, muy anteriores a la existencia de Marruecos como estado unificado moderno, que no toma la forma que conocemos hoy en día hasta el año 1956. Este orden cronológico es el núcleo del argumento español: no se puede hablar de colonización de un territorio sobre una entidad política que aún no existía.
Cronología
1415
Portugal conquista Ceuta
1497
Castilla conquista Melilla
1640
Revuelta portuguesa: Portugal se independiza de España (Ceuta se queda con la Corona española)
1668
Tratado de Lisboa: se formaliza la independencia de Portugal y el reconocimiento internacional de Ceuta como territorio español
1859-1860
Guerra de África (con el general Prim). Convenio del 24 de agosto de 1859 para ampliar los límites de Melilla
26 d'abril de 1860
Tratado de Wad-Ras: fin de la guerra de África, ampliación territorial de Ceuta y Melilla
1893
Guerra de Margallo (Melilla)
1956
Independencia de Marruecos: primera vez que el país toma la forma de estado unificado moderno
1969
Retrocesión de Ifni a Marruecos
Anys 80 / 1986
Acceso de la población musulmana de Ceuta y Melilla a la nacionalidad española (ley de extranjería)
Este argumento, sin embargo, solo explica el origen de la soberanía, no la extensión que tienen hoy ambas ciudades. El periodista e historiador marroquí Ali Lmrabet anota un matiz relevante: los presidios originales de los siglos XV y XVI eran solo pequeños fortines a donde se enviaban presos, y la superficie actual de Ceuta y Melilla es fruto de la Guerra de África de 1859-1860 y, en el caso de Melilla, también de la guerra de Margallo de 1893, cuando España impuso por tratado una cesión territorial mucho mayor. El catedrático de la Universitat Pompeu Fabra Josep Pich Mitjana lo resume con una imagen bastante gráfica: "El nuevo territorio se delimitó disparando un cañón y marcando la nueva frontera donde cayó la bala".
Lmrabet añade que el mismo argumento "se debería aplicar igualmente a las islas Chafarinas, al islote de Perejil, al peñón de Vélez de la Gomera y al peñón de Alhucemas ocupados por España en circunstancias similares y que Marruecos, en cambio, nunca reclama". De hecho, la disputa por la isla de Perejil no es solo teórica: en el año 2002, un grupo de gendarmes marroquíes ocupó este islote –español desde 1668– y provocó una de las peores crisis diplomáticas entre ambos países. El gobierno popular de José María Aznar lo recuperó con una operación militar seis días después, con mediación de los Estados Unidos.
El derecho internacional, en todo caso, se mantiene al margen de este matiz. El comité de descolonización de la ONU mantiene una lista de diecisiete territorios no autónomos pendientes de descolonización –ahí figuran el Sáhara Occidental y Gibraltar–, pero Ceuta y Melilla nunca han sido incluidas. Marruecos lo ha reclamado formalmente en diversas ocasiones desde su independencia en 1956, presentando las dos ciudades como "enclaves coloniales", igual que reclamó y obtuvo en el año 1969 la retrocesión (retorno) de Ifni –un territorio que hasta entonces pertenecía a España–. Pero la petición sobre las dos ciudades autónomas nunca ha prosperado: la ONU no considera que haya un proceso de descolonización pendiente porque el requisito básico –un pueblo colonizado con identidad propia sometido por una potencia exterior posterior– no se aplica como en otros territorios africanos invadidos durante el reparto colonial del siglo XX.
Esta falta de reconocimiento internacional se refleja también dentro de la misma sociedad ceutí. Ningún partido político con representación –ni las formaciones cercanas a la población musulmana de Ceuta, mayoritariamente arabófona, ni las de la población rifeña y amazig de Melilla– apoya hoy la tesis de la anexión marroquí. Lo resalta Mohamed Mustafa, diputado de la Asamblea de Ceuta y politólogo: "En la ciudad de Ceuta no tiene ningún tipo de predicamento las reivindicaciones [de soberanía marroquí], no están ni en la sociedad civil ni en las entidades políticas".
Este sentimiento ha quedado en evidencia esta última semana, durante la visita de Robles a Ceuta. Una vecina la detuvo entre lágrimas para pedirle que "no abandonara" la ciudad después de decir que allí eran "más españoles que en ningún otro lugar". Es un dato relevante: el debate sobre si Ceuta y Melilla "deberían ser" marroquíes se discute intensamente en Rabat y, de rebote, en Madrid, pero prácticamente no existe como posición política real entre sus habitantes, independientemente de su religión u origen, que sí tienen un miedo real de quedarse solos y ser integrados en Marruecos.
Ceuta está a solo catorce kilómetros de la Península, justamente en el estrecho de Gibraltar, uno de los pasos marítimos más transitados del mundo: quien controla la orilla controla, de hecho, el acceso entre el Atlántico y el Mediterráneo. Además, son los únicos territorios de la Unión Europea en el continente africano, lo que las convierte en un punto de fricción permanente en política migratoria y en una pieza clave –y sensible– de la relación Madrid-Rabat. Desde la óptica española, Pich Mitjana no deja margen de duda: "A nivel económico es un desastre, no se saca nada. Pero a nivel geopolítico, Ceuta es muy importante; Melilla es discutible". Ceuta, dice, "es para España el equivalente a lo que Gibraltar es para el Reino Unido, la otra puerta del estrecho".
Lmrabet discrepa desde la perspectiva marroquí. A su parecer, el control de este estrecho no es tan esencial como lo había sido en un pasado. Lo justifica con la construcción del gran puerto de Tánger, a tocar de Ceuta, el cual, dice, "ha absorbido el tránsito comercial que antes pasaba por allí". En consecuencia, "hoy Ceuta y Melilla ya no representan un peso económico real para Marruecos". Su reivindicación, concluye, es "sobre todo histórica, no práctica, un argumento de continuidad territorial y de agravio de la Guerra de África del siglo XIX, más que un cálculo estratégico actual".
La "superarma" de Marruecos
A pesar del escepticismo sobre su valor económico o comercial, hay un terreno en el que según los expertos Ceuta y Melilla sí funcionan, hoy, como una pieza estratégica clave para Marruecos: la migración. ¿Actúan realmente como un "dique de contención" migratorio para España y la UE? El politólogo Mohamed Mustafa responde sin rodeos: a su juicio, la política de estado del gobierno español respecto a Marruecos ha sido "prácticamente indistinguible" independientemente del partido que ha estado en el poder. Se ha basado, sostiene Mustafa, en "externalizar la frontera y en convertir a Marruecos en el control del sur que contiene los flujos antes de que lleguen a suelo europeo". En el mismo sentido, el ministro de Justicia marroquí remarcó que Marruecos "quiere colaborar con la UE", pero que no pueden ser "los guardianes de los europeos": "Queremos cooperar con ellos, pero no queremos trabajar para ellos", afirmó.
El periodista Ali Lmrabet y el catedrático Josep Pich coinciden, cada uno desde su lado del estrecho, en una lectura aún más directa. "Obviamente que esto es un arma. Es una superarma que Marruecos tiene, que es la inmigración", asegura Lmrabet, que añade que cuanto más dure la situación actual, "más le interesa" al régimen de Mohamed VI: "Marruecos sabe que España no le entregará ni Ceuta, ni Melilla, ni una roca. Para él, cuanto más perdure la situación, mejor: puede presionar y puede obtener lo que le interesa."
Con todo, Pich encuentra un precedente que ayuda a leer el episodio de este verano: lo compara con la Marcha Verde que Marruecos organizó en 1975 en el Sáhara Occidental, cuando aprovechó la debilidad de una España en plena transición. "Lo que está replicando Marruecos es lo que hicieron con el Sáhara", sostiene, y recuerda que el gobierno de Pedro Sánchez "dejó tirados a los saharauis" y que, desde entonces, "cada vez que Marruecos quiere presionar a España recurre a un salto masivo de personas hacia Ceuta y Melilla".
Este modus operandi ya ha dado frutos antes: a raíz de la crisis migratoria de 2021, desencadenada por la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, el gobierno de Pedro Sánchez acabó apoyando el plan marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2022, que no incluía el referéndum de autodeterminación, y rompía la posición histórica española sobre el conflicto como parte de un acuerdo bilateral con el compromiso marroquí de "controlar" la inmigración irregular. El gobierno marroquí, sin embargo, lo niega rotundamente. El ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, aseguraba el miércoles que "jamás" han utilizado a los migrantes como arma de negociación. Los hechos, sin embargo, lo ponen en entredicho.