Acción exterior

"Colapso" en el servicio exterior español: los diplomáticos reclaman a la Moncloa que actúe

Los funcionarios piden más recursos para el aumento de la comunidad en el exterior y las solicitudes de nacionalidad

MadridTrabajar en la red de embajadas y consulados españoles dista del idilio con que se asocia la diplomacia. Es lo que denuncia tanto el personal que trabaja para el Estado en el exterior como los representantes de los ciudadanos españoles que residen en el extranjero y son usuarios de esta red. Todos ellos hace tiempo que batallan por una mejora de recursos ante el "colapso" que aseguran que viven en los servicios consulares. "Hay cabreo" con el ministerio, explican fuentes diplomáticas a el ARA, que denuncian la indiferencia por parte del gobierno español, a pesar de que desde el ministerio de Exteriores aseguren en este diario que están trabajando para redimensionar el servicio. El mismo ministro José Manuel Albares lo ha reivindicado este lunes en declaraciones a RAC1, si bien ha admitido las "necesidades" del servicio exterior después de años de "desatención".

En los últimos años se han producido dos fenómenos que han agravado la situación: por una parte, se ha triplicado el número de españoles en el extranjero, de un millón en los años 2000 hasta 3,2 millones en la actualidad; y, por otra parte, el aumento de las solicitudes para acceder a la nacionalidad a raíz de la ley de memoria democrática para hijos y nietos de los españoles que se exiliaron. Una norma que se interpretó de forma extensiva y que permitió las solicitudes desde octubre de 2022 hasta octubre de 2025.

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"La situación de la red consular es muy grave desde hace mucho tiempo", constata Violeta Alonso, presidenta del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior. Alberto Virella, presidente de la Asociación de Diplomáticos Españoles y exembajador en Senegal, habla de un estado "crítico" de la red consular, tanto desde el punto de vista de los recursos humanos como del mantenimiento de los inmuebles y la digitalización de la administración. Y asegura, como Alonso, que con el aumento de la comunidad en el exterior y las demandas de nacionalidad están aún más al límite: actualmente hay una cola de 2,4 millones de solicitudes para acceder a la nacionalidad española que podrían llegar a alargarse una década. "Los sucesivos gobiernos no han tenido suficientemente en cuenta las condiciones de la administración general del Estado en el exterior", resume Virella, que considera que no hay una planificación suficiente de los recursos disponibles para ejecutar las decisiones políticas que se toman. Ahora mismo dice que hay 1.000 diplomáticos para una población española de 49 millones de habitantes; una ratio inferior en relación a países como Polonia (37 millones para unos 1.700 diplomáticos) o Portugal (unos 10 millones de habitantes para 490 diplomáticos). Alonso añade la situación del personal laboral en el exterior, que asegura que hay casos con una temporalidad muy alta y sin convenio colectivo.

La Fedeca (la Federación de Asociaciones de los Cuerpos Superiores de la Administración Civil del Estado) se ha hecho suya las reivindicaciones de los diplomáticos, hasta el punto de que recientemente denunciaban el "abandono" del servicio exterior. Ponían de ejemplo la saturación del consulado de Sao Paulo (Brasil), en el que afirman que atienden "más de 1.000 personas al día con aproximadamente 70 trabajadores".

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Fuentes conocedoras de la situación en el exterior también ponen de ejemplo la ciudad de Buenos Aires, donde aseguran que si de aquí a unos años se acaban aceptando todas las sol·licitudes, se puede convertir en una de las ciudades con la comunidad más grande de españoles (unos 800.000), contando también los municipios del Estado. De hecho, Violeta Alonso constata que la Argentina es uno de los lugares con más saturación y resalta que se conforman con el hecho de que estas tramitaciones duren cinco años. Alonso asegura que la ley de memoria democrática ha sido un "éxito" –"el problema no es el aumento de las sol·licitudes", dice–, sino que se redimensione bien la administración en el exterior porque a raíz de esto no se pueden atender los servicios habituales. Por ejemplo, la tramitación para renovar el pasaporte de un español en el exterior puede durar meses. "Hay un aumento de la carga de trabajo", manifiesta Virella a raíz de todas estas transformaciones, que recuerda que la administración debe poder garantizar los derechos a todos los españoles, dentro y fuera del Estado.

Violeta Alonso pone el ejemplo del derecho a voto: a pesar de que todos los españoles en el exterior puedan votar, la participación es muy baja por la dificultad de los trámites y también es desigual entre los diferentes países. Incluso después de la derogación del voto rogado. En las últimas elecciones generales, constata, solo un 10% votaron. En todo caso, Alonso confía en que el gobierno español tome decisiones de inmediato para agilizar la resolución de expedientes de la Ley de Memoria Democrática y paliar la falta de recursos.

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Las demandas de los diplomáticos

La Asociación de Diplomáticos tiene una lista de demandas y considera indispensables las siguientes medidas: la aprobación de un nuevo reglamento de la carrera diplomática –la vigente es de 1955, en pleno franquismo–; la creación de 90 plazas en el exterior; la incorporación de la especificidad de los funcionarios en el exterior en la producción normativa porque consideran que no se puede aplicar la misma plantilla fuera que en cualquier lugar del Estado; o la cobertura sanitaria, que es deficiente sobre todo para muchas parejas de diplomáticos que se tienen que desplazar con ellos a trabajar fuera.

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¿Y qué dice, el gobierno español? En el marco de una entrevista en RAC 1 después de la publicación de este artículo, el ministro Albares ha admitido las "necesidades" del servicio exterior y ha aceptado que hace falta una "transformación muy grande del servicio", pero ha defendido los "esfuerzos" del ministerio. Albares se ha negado a utilizar la palabra "colapso" y ha atribuido la "desatención" del servicio a los "sucesivos gobiernos" pasados, que no incrementaron plantillas ni modernizaron edificios. "Desde que soy ministro, una de las grandes prioridades es la modernización del servicio", ha dicho, poniendo el acento en la digitalización, los incrementos de plantilla y el aumento de la red diplomática. "El ministerio dedica mucho tiempo", ha rematado.

Fuentes de Exteriores consultadas por el ARA ya aseguraban en las últimas horas que trabajan en un "redimensionamiento estructural del servicio exterior, adaptándolo a una comunidad española fuera que no deja de crecer". A pesar de las quejas de los diplomáticos, dicen que han hecho un refuerzo "extraordinario" de las plantillas más saturadas y que se está impulsando una "transformación digital sin precedentes para agilizar los trámites". Para abordar la situación, la Asociación de Diplomáticos se ha reunido en diversas ocasiones con el subsecretario de Exteriores –el último encuentro fue el 19 de enero– para abordar sus reivindicaciones, pero aún no han conseguido encontrarse con el ministro Albares ni con el presidente español, Pedro Sánchez, a pesar de las diversas solicitudes que le han hecho llegar. "Mucho relato y pocos datos, una actitud irresponsable de los encargados de solucionar una situación crítica", resume Virella.