El dilema de Abascal: ser o no ser vicepresidente de Feijóo
A Vox rechazan anticipar la decisión y reclaman al PP que no se confíen asumiendo que sumarán para desbancar a Sánchez
MadridQue Vox vuelva a gobernar en cuatro autonomías, en coalición con el PP, es una de las novedades que ha dejado este curso político. Tras las elecciones en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, el balance para la extrema derecha es que ha obtenido cuatro vicepresidencias de ejecutivos autonómicos a las que hay que sumar cinco consejerías más. Esto ha supuesto un nuevo giro estratégico para los de Santiago Abascal tras la decisión de abandonar las responsabilidades de gobierno hace dos años. La etapa de oposición a los populares, que ha sido de crecimiento electoral de Vox, ha dado paso a una nueva fase en la que el partido apuesta por gestionar. Se les abre ahora la posibilidad de aplicar sus políticas en las carpetas que han arrancado de la negociación con el PP, como son las de agricultura, ganadería, gestión forestal, servicios sociales, familia, turismo, cultura y, de nueva creación aplicando su propio marco, de desregulación.
Ahora bien, esto también implica el reto de rentabilizar los cargos, que comportan el riesgo de generar frustración según cuáles sean los resultados de la gestión y el de quedar relegados a un segundo plano, como socios minoritarios, en relación con los populares. En la asamblea general del partido, celebrada hace un mes, Abascal proclamó este cambio de ciclo para el partido. "Llega la hora de la verdad, de gobernar, de pasar a la práctica", dijo el líder de Vox, que afirmó que es una etapa "importante y decisiva". Con este contexto, todo apunta a que, en el hipotético caso de que el PP ganara las próximas elecciones españolas y sumara mayoría absoluta con Vox, una de las condiciones para hacer Feijóo presidente debería ser que Vox entre en la Moncloa con Abascal de vicepresidente. ¿Es este el escenario deseable para Vox?
Tanto el PP como el partido de extrema derecha han asumido que, hoy por hoy, están condenados a entenderse. En el balance del curso político que hizo Feijóo este miércoles, el líder popular justificó las alianzas con la extrema derecha y dejó la puerta abierta a gobernar con Abascal si "así lo quieren las urnas". Fuentes de Vox consultadas por el ARA rechazan adelantar pantallas sobre la posible entrada en un gobierno estatal liderado por el PP, apelando a la prudencia: "Ya veremos cuando abramos las urnas de las elecciones generales". El partido de extrema derecha sostiene que existe un peligro real de que Sánchez resista, utilizando incluso medios subrepticios como la ley de nietos, y centran su mensaje en reclamar al PP que no se despiste hablando de sillones. "Puede pasar cualquier cosa", afirman, haciendo un llamamiento a "no volver a cometer los errores del 2023".
En este sentido, en Vox reivindican que ellos están haciendo el trabajo, con una perspectiva de crecimiento en las encuestas, y critican que el PP está estancado y no hace suficiente oposición a Sánchez –en Génova, en cambio, replican que el ascenso de la extrema derecha no les está haciendo empequeñecerse–. Quien no tiene ninguna duda de que Vox querrá entrar en un gobierno de Feijóo, si se diera el caso, es el doctor en ciencia política y profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, especialista en derechas radicales europeas, Guillermo Fernández Vázquez. "Cuando se tienen opciones plausibles de entrar en un consejo de ministros, es una pauta habitual que se dulcifique la imagen con el objetivo de mitigar el miedo", reflexiona en una conversación con el ARA sobre el momento actual de Vox.
Fernández Vázquez pone de ejemplo la evolución que ha hecho la presidenta italiana, Giorgia Meloni, o lo que está haciendo actualmente el Reagrupament Nacional de Marine Le Pen de cara a las próximas elecciones presidenciales francesas. "Podemos esperar que, en los próximos meses, Vox intente acentuar la imagen de gestión y credibilidad", apunta el politólogo, que enmarca la apuesta de los de Abascal en una carrera por seguir el rastro europeo que, en la próxima década, implica "comerle el pastel" a los populares a través de la batalla cultural, tal como ya ha pasado en Italia y Francia, donde la extrema derecha ya es la primera fuerza en detrimento de los conservadores. "No me veo de vicepresidente, me presento a presidente", proclamó Abascal hace un par de semanas en Telecinco.
La amenaza constante
"Me imagino mucho más a Vox entrando en el gobierno, generando ruido y después marchándose, como ya ha hecho, que diciendo que dejará al PP gobernando en solitario con apoyo parlamentario externo", apunta el profesor de la Carlos III. Abascal, de hecho, advirtió que la hoja de ruta de gobernar no está exenta de esta amenaza constante de repetir la jugada de romper los ejecutivos de coalición. En el mismo discurso ante los suyos, el líder de Vox avisó que tendría la "valentía" de hacerlo en caso de que el PP haga "trampas". La prioridad es tener "firmeza y contundencia" para que los principios de la extrema derecha sean "aplicados con contundencia". "Nosotros no estamos aquí para que cuatro amigos se sienten en butacas", aseguró Abascal, que deja la puerta abierta a reconsiderar la decisión que tome ante este dilema.