Dirty Perro Sánchez

BarcelonaAcostumbrado a vivir en un entorno hostil desde su llegada a la primera línea política, Pedro Sánchez ha desarrollado unas innegables aptitudes de adaptación. Siempre tiene un golpe escondido cuando parece que las múltiples crisis que ha tenido que afrontar su gobierno le ponen contra las cuerdas. Es un maestro de la sorpresa, pero, además, como Johan Cruyff en el banquillo del Barça, tiene una flor en el trasero. ¿Cómo se explica, si no, que los grandes gurús tecnológicos del planeta se hayan caído de cuatro patas en la estrategia de la Moncloa? Primero Elon Musk (X) y después Pavel Duróv (Telegram) se han lanzado a la yugular del presidente español, una vez anunció que prohibiría el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Y Sánchez ni siquiera se ha esforzado en disimular su satisfacción por haber tocado hueso. "Deja que los tecno-oligarcas ladran, Sancho, es señal de que cabalgamos", ha dejado escrito precisamente en las redes (una frase, por cierto, que no sale al Quijote, aunque muchos –parece que también Sánchez– se lo atribuyan).

La esfera internacional es una de las que más ha explotado al presidente español durante su mandato y, a menudo, los partidos de la oposición le han vinculado al intento del gobierno de desviar la atención sobre otros temas más espinosos para la Moncloa, como la corrupción, los casos de acoso sexual y ahora los accidentes. El reconocimiento del estado palestino generó una intensa batalla dialéctica con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. El conflicto por el gasto militar de la OTAN y la intervención de Estados Unidos en Venezuela le ha reservado una ventana al mundo gracias a las disputas con el presidente estadounidense, Donald Trump. También se ha enganchado con el ultraliberal presidente de Argentina, Javier Milei, que cuando ha visitado España ha preferido encontrarse con Santiago Abascal (Vox) e Isabel Díaz Ayuso (PP).

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Para que funcione la estrategia de Moncloa es imprescindible que sus adversarios la tengan en consideración. Y, pese al poco peso político que podría presumirse para España a nivel internacional (sólo es un invitado sin derecho de voto en el G-20), Sánchez lo ha conseguido. Él presenta su gobierno como "el mayor contrapeso" en la extrema derecha y habla de Trump, Musk, Milei, etc., como la "internacional de ultraderecha". Y no sólo es reactivo a anuncios o acciones de ese supuesto conglomerado de ricos y poderosos antisanchistas, sino que pasa al ataque publicando artículos como el del New York Times, el diario referente de la resistencia periodística en Trump.

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Se acumulan los problemas

Sin embargo, en el Estado las encuestas no acaban de sonreír al PSOE, que está a punto de vivir la segunda derrota consecutiva en las elecciones en Aragón, y la inestabilidad en el Congreso se hace evidente con derrotas como la del escudo social. Tampoco parece tener bien encauzada la mayoría que necesita para sacar adelante el nuevo modelo de financiación y se acercan juicios que pueden marcar el fin de la legislatura, como el que tiene el ex ministro José Luis Ábalos de protagonista. Pero siempre hay tiempo para el flanco internacional. Y ahí le espera Musk con insultos como el Dirty Sánchez, que no puede descartarse que acabe impreso en las camisetas de la tienda del PSOE, que ya popularizó el merchandising del Perro Sanxe, dando la vuelta a una campaña que pretendía ridiculizar al líder socialista.

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Los detalles de la semana

1.
Gelida, no Gélida

El ministro de Transportes ha pasado en las últimas semanas atendiendo entrevistas, compareciendo en Les Corts y participando en reuniones relacionadas con los accidentes ferroviarios y el caos en Cercanías. Hacía días que se le oía citar el accidente de Gelida, como si el nombre de la localidad del Penedès se pronunciara Gélida, sin que nadie se atreviera a corregirlo. Hasta que Isidro Gavin, diputado de Junts en el Congreso, no pudo estar y advirtió al ministro de su error.

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2.
Cambio de sillas en el Parlament

El micro del diputado de los comunes en el Parlament David Cid falló durante la sesión de la comisión de Economía, así que le hicieron cambiar de asiento hasta situarse junto a los diputados de ERC. "Buen movimiento", celebró irónicamente el exconseller Joan Ignasi Elena, que dio el paso del PSC a los republicanos hace unos años. "Espero que sea de ida y vuelta", replicó Cid siguiéndole la broma.