Política exterior

"Internacionalismo sensato": la estrategia de la Moncloa para moverse en tiempos de Trump

Sánchez se prepara para un curso político con mayor peso de la política exterior y con ánimo de influir en la UE

La cumbre de la OTAN en La Haya, con Donald Trump y Pedro Sánchez.
18/01/2026
5 min

MadridDonald Trump ha sacudido el orden mundial y ha consolidado una era –inaugurada por Vladimir Putin– en la que la ley del más fuerte rige las relaciones internacionales. Esto ha obligado a todos los estados, sobre todo a los aliados de la Unión Europea, a replantearse su rol. España no es una excepción, al contrario: desde la Moncloa son conscientes de este escenario cambiante y trabajan en una estrategia de fondo para que el presidente español marque un perfil propio en todas las crisis y, al mismo tiempo, intente ser influyente en la configuración de la política exterior europea. Todo ello en un contexto de desgaste en la política doméstica, donde trata de contrastar la agenda de la derecha con temas internacionales: este lunes habrá una muestra con la reunión después de casi un año con el líder del PP, Alberto Nuñez Feijóo, sobre el envío de las tropas a Ucrania.

La receta de Sánchez para moverse en este nuevo contexto global, según fuentes de la Moncloa, pasa por lo que llaman "internacionalismo sensato", un concepto que ha empezado a utilizar tanto el presidente español como el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, en sus discursos para resumir lo que creen que debe día, en el marco de la conferencia de embajadores para inaugurar en 2026–.

¿Qué significa esto? Desde el gobierno español señalan que el "mensaje principal es que hace falta sensatez" y "tejer nuevas alianzas" más allá de Estados Unidos, además de fortalecer las existentes en la Unión Europea. También hablan de "rearme moral", concepto usado por el ministro de Exteriores con el intento de combatir ideológicamente a Trump y al que llaman "internacional ultraderechista", representada en España por Vox. En resumen: la Moncloa quiere erigirse en defensa de los derechos de la Carta de Naciones Unidas, los organismos multilaterales y la legalidad internacional, aunque en las últimas semanas hayan quedado en papel mojado.

Es el compás que ya ha ido siguiendo en los últimos conflictos: Sánchez activó el reconocimiento del estado palestino durante la guerra de Gaza; fue el único socio europeo que contradijo a Trump en el aumento del gasto en defensa, y ha tenido ahora la reacción más contundente a escala europea con el ataque estadounidense a Venezuela o la amenaza en Groenlandia. Al menos, a nivel discursivo.

Las nuevas alianzas con las que piensa el gobierno español implican mantenerse como un aliado atlantista –"sin vasallaje" en Estados Unidos–, pero no dar la espalda a China, con la que España siempre ha mantenido más diálogo político que otros socios europeos. De hecho, Sánchez fue el primer presidente en viajar en pleno choque con Trump por los aranceles.

Pol Morillas, director del Cidob, confirma que existe una "toma de conciencia" por parte del gobierno español de cuál es la posición de España en el mundo –un "socio fiable" de la UE y la OTAN ya la vez un puente con América Latina y el arco mediterráneo– y la posibilidad que tiene de explotar. Algo que en los últimos años, reflexiona Morilla, España había hecho poco manteniendo un perfil más bajo y similar en el resto de países europeos. "Había un vacío y lo están intentando llenar", dice Morillas en una conversación con el AHORA. Ahora bien, también admite que esta actitud más atrevida tiene mayores riesgos, ya que España puede convertirse en "punta de lanza", pero al mismo tiempo también puede quedarse sola si no logra influir en el resto de socios europeos, como en el caso de Gaza o la relación con China.

La conexión con la política interior

El propio presidente español desgranó los "pilares básicos" de la política exterior en la conferencia de embajadores el pasado 8 de enero, bajo el título "España un actor global": "Coherencia, compromiso, cooperación y creatividad", dijo. Para el gobierno español la "coherencia" de sus posicionamientos en las crisis internacionales que se vayan sucediendo es fundamental, ya que es lo que le permite a Pedro Sánchez ligar su posición en el exterior con la política doméstica y aprovecharlo electoralmente para movilizar a la izquierda y hacer la competencia a Sumar y Podemos. El ejemplo más claro es Gaza, en el que, de paso, también puso en una situación complicada al PP por las diferencias internas que tenía con el concepto de genocidio por parte de Israel.

Con Venezuela, Sánchez está repitiendo el mismo esquema. Tras la tibieza del comunicado de la Unión Europea, el presidente español condenó "rotundamente" el ataque de EEUU y unió fuerzas con Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay para criticar abiertamente a Trump. También esta semana el ministro Albares ha mantenido la misma posición en el debate en el Congreso, hurgando en la posición del PP para apoyar a Trump. Un hecho que criticaba a la portavoz de Vox, Pepa Millán: "Utiliza la política exterior para movilizar a la extrema izquierda", le soltó al gobierno español.

Las mentes pensantes

La sala de máquinas a la hora de pensar toda esta estrategia está a cargo de un equipo liderado por el jefe de gabinete de Sánchez, Diego Rubio (Cáceres, 1986), licenciado en historia en la Universidad Autónoma de Barcelona y doctorado en Oxford, además de asesor en Naciones Unidas y en la Comisión Europea. Desde su aterrizaje a este sitio estratégico en septiembre del año pasado, en sustitución del actual ministro Óscar López, que la política exterior ha ganado peso en el discurso de Sánchez al tiempo que la actualidad internacional se ha impuesto en primera línea: "Han hecho de la necesidad virtud", asegura el profesor de relaciones internacionales de la UPF, Pablo Pareja.

Este experto matiza que las grandes prioridades de política exterior "no han experimentado grandes cambios", sino que lo que se ha modificado es el estilo. "Sánchez es más proactivo, más claro y más certero" que otros gobiernos, sobre todo el de Mariano Rajoy (PP), que se había diluido tras la política europea. "Ahora hay cierta singularidad", afirma, señalando su estilo más "ideológico" en los posicionamientos, lo que le liga también con la batalla en la política interior. De hecho, señala que la política exterior bebe de la inaugurada por José Luis Rodríguez Zapatero en el 2004, que también quiso cuidar las relaciones con China y América Latina y es uno de los dirigentes que más influye en el presidente español. La diferencia con Zapatero, reflexiona, es que Sánchez es más "presidencialista".

Para Cesáreo Rodríguez-Aguilera, catedrático emérito de ciencias políticas de la UB, hay tres elementos que explican el protagonismo que Sánchez da a la escena internacional: primero, el líder del PSOE está "bien considerado" fuera, también por políticos que no son de la cuerda como la presidenta de la Comisión Europea; el gobierno español le interesa poner el acento fuera por el "desgaste en la política doméstica", y por último, son aspectos con los que hace la competencia Sumar y Podemos.

Donde esto no fue posible, remarcan los expertos consultados, fue en el caso del Sáhara Occidental, donde España sí viró su posición histórica de defensa de la autodeterminación del pueblo saharaui y quedó acorralado a la hora de defender ese cambio.

El PSOE también juega la carta internacional

El gobierno español no es el único que juega en la carta internacional, sino que también lo hace el PSOE. Esta misma semana ha convocado una "conferencia por la paz" durante el primer semestre de este año, con la idea de que el partido también se arme ideológicamente en ese contexto. Las líneas maestras de discurso pasan también por el "derecho internacional, el multilateralismo y la paz", aunque el nuevo orden mundial hace entrar en contradicción.

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