La españolización de Catalunya

BarcelonaNi Felipe González ni José Luis Rodríguez Zapatero consiguieron lo que ha logrado Pedro Sánchez: que Catalunya votara en unas elecciones catalanas como si fueran unas españolas y situaran al PSC como el partido que, ahora mismo, no solo gana con comodidad, sino que representa centralidad y reúne los apoyos de los sectores más estratégicos del país. Y que además lo hayan hecho en un momento especialmente oportuno. A unas semanas de unas elecciones europeas que el PP ha planteado como un plebiscito sobre Pedro Sánchez. Catalunya es hoy el bastión del sanchismo después de un proceso extraordinariamente rápido de españolización electoral.

La gran pregunta es si esta españolización es coyuntural, con el objetivo de reforzar un gobierno que hace de dique ante la amenaza de la derecha, o si es estructural, es decir, si se ha terminado el tiempo del voto dual y del reparto del poder entre dos o más fuerzas. Hay un dato que es especialmente preocupante para el independentismo: la subida del PSC no se ha producido por un proceso de concentración de voto unionista, como ocurrió en su día con Cs, porque el resto de fuerzas espanyolistas, y singularmente la derecha, también crecen. La derecha españolista solía ocupar una veintena de escaños en el Parlament, y a partir de hoy serán 26. Este hito es más histórico incluso que la victoria del PSC, que ya había obtenido en el pasado una cifra similar de diputados.

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Esta subida espectacular del PP es también una buena noticia para Alberto Núñez Feijóo, que podrá venderlo como un gran éxito. Pero la fotografía que queda es que Catalunya sigue siendo el gran obstáculo que impide a la derecha española llegar a la Moncloa. La novedad de esta noche es que en Catalunya, pese a ser el principal bastión sanchista, la derecha españolista ya no es extraterrestre. Suma 26 diputados, que si estuvieran en una sola formación serían la tercera fuerza política.

Por tanto, esta españolización política de Catalunya, resultado de una resaca muy mal digerida del proceso independentista, puede acabar siendo también la puerta de acceso de Feijóo a la Moncloa. ¿Por qué? Pues porque la fuerza combinada del independentismo más el bloque PSC-Comuns retrocede en su conjunto, y al político gallego solo le faltaron cuatro escaños en el intento del 23-J.

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El resultado de las catalanas, pues, ofrece una buena noticia para Pedro Sánchez a corto plazo, ya que lo refuerza ante las europeas y es un aval a su política de apaciguamiento al independentismo, pero también resulta que a largo plazo quien puede acabar cosechando los frutos de esta estrategia es Feijóo.

Resistencia de Vox

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Lo que también demuestra el resultado del 12-M, sin embargo, es que Vox ha venido para quedarse. Mantener a los once diputados en un contexto de fuerte recuperación del PP es una heroicidad para los de Ignacio Garriga, y demuestra que existe un electorado fiel, más allá de la coyuntura de cada momento. Feijóo, pues, lo tendrá difícil para conseguir en las europeas la concentración de voto de las generales. Y eso significará que su plan a medio plazo, la absorción del voto de extrema derecha, está condenado al fracaso.

Tras celebrar la victoria, Sánchez tendrá que volver a enfrentarse a su geometría diabólica y a la difícil gobernabilidad catalana. Pero, de momento, quien tiene la sartén por el mango es él.