"Sílvia Orriols no quiere que nos integremos, nos quiere fuera de aquí"
La comunidad musulmana de Ripoll, decepcionada con Junts por haberse desmarcado de la moción contra Aliança Catalana

RipollEstas últimas semanas Mohamed Bahloul no sólo ha estado pendiente de que en el restaurante de Molló donde trabaja de cocinero todos los platos salgan como pide su jefe. Por las tardes, cuando acudió a la cafetería Esperanza, punto de encuentro de la comunidad musulmana en Ripoll, tuvo que informar a sus compatriotas de cómo iban las negociaciones para echar a la alcaldesa Silvia Orriols: "Todo el mundo estaba expectante, me preguntaban si los partidos se pondrían de acuerdo para sacarla". Entre partidas de damas o partidos del Barça o del Madrid (aquí sí está dividida, la clientela) y saboreando un té caliente a pesar de que no parece un invierno como los de antes, Bahloul les explicaba lo que le llegaba.
El martes, cuando Junts anunció que se descolgaba de la moción de censura, la noticia cayó como un cubo de agua fría entre buena parte de los casi 1.200 habitantes de origen marroquí que viven en esta localidad que roza los 11.000 habitantes. "No sé qué haremos con esa derecha", critica Bahloul ante la decisión de los junteros de echarse atrás a última hora. "A la gente le ha sabido mal porque teníamos la esperanza de que el cambio fuera posible", admite resignado. Y es que la líder de Alianza ha convertido a los musulmanes en el asno de todos los golpes a raíz de los atentados del 17-A del 2017, que perpetraron a jóvenes de origen magrebí nacidos en la capital ripollesa.
Bilal Elkasmi, presidente de la Asociación El Fath, que gestiona una de las dos mezquitas, no esconde su decepción con los junteros. "Ya es la segunda vez que permiten que Aliança se quede con la alcaldía", dice, culpando a la formación que lidera Carles Puigdemont de dinamitar también el entendimiento tras las elecciones. A las puertas de la mezquita, Elkasmi, también en catalán, se muestra convencido de que habrá voto de castigo en Junts en las municipales. "La comunidad musulmana los votaba porque con el alcalde Jordi Munell nos llevábamos muy bien y siempre nos ayudó, pero las cosas han cambiado ahora", remacha el máximo dirigente de la entidad. "Ya se van a espabilar, porque la gente de la comunidad que tiene la nacionalidad española vota y sabe que partidos como ERC o la CUP sí apostaban por el cambio".
"En las próximas elecciones nos movilizaremos para votar"
Una vez terminada la oratoria de la puesta de sol, la quincena de fieles que se han acercado a la mezquita para rezar salen del recinto, que ya lleva un cuarto de siglo funcionando con normalidad. Uno de ellos, Rashid Elmarajie, lamenta que los partidos hayan vuelto a "fallar", pero tiene claro que en los próximos comicios los que como él vinieron de Marruecos hace unas décadas para buscar un futuro mejor no se quedarán en casa: "Nos movilizaremos y saldremos a votar porque hay que quieren irse", como están las cosas.
Elmarajie, que trabaja en una empresa de reciclaje, reconoce que la sacudida fue peor cuando fue investida alcaldesa que ahora: "Al principio fue chocante, pero ahora ya estamos acostumbrados y tenemos asumido que somos sus enemigos, pero también que ella no puede hacer la mayoría de las cosas que promete porque nos ampara la ley". Y no se muerde la lengua a la hora de afirmar, también en un perfecto catalán, que a Orriols le da igual que se integren o no: "No quiere que nos integremos, nos quiere fuera de aquí, como los sionistas con Palestina".
En un municipio que no tarda más de quince minutos en atravesar de punta a punta caminando y donde todo el mundo vive mezclado, el contacto entre políticos y ciudadanos es casi diario. Elmarajie a menudo se encuentra con la alcaldesa. "Me mira con cara de odio y yo la miro pensando que es una pobre mujer que vive obsesionada con nosotros, y eso no ayuda a la convivencia". Él, como el resto, tienen cuello abajo que sin los atentados del 17-A Orriols no gobernaría en Ripoll ni estaría en el Parlament: "Lo que hicieron cuatro lo estamos pagando el millar de personas que vivimos aquí, nos culpabilizan de esos hechos y nos acusan de ser terroristas, pero sin ese discurso no ganará votos".
Bahloul tampoco esconde su rabia para que se les meta a todos en el mismo saco: "El 17-A nos da vergüenza, la gente acude a la mezquita simplemente a rezar, en ninguna de las dos mezquitas se hacen discursos salafistas". Orriols prometió cerrarlas, pero no ha salido adelante y en el Parlament sólo recibió el apoyo de PP y Vox. "Ella vive de la confusión y el miedo y señala al islam como ideología político-religiosa, haciendo creer que todos los musulmanes pueden convertirse en radicales", denuncia Omar Elabdali, que preside la Asociación Marroquí Juvenil del Ripollès.
La confrontación, en las redes
En Ripoll no se vive un ambiente de confrontación ni se palpa un ambiente de mala marejada. Ni los votantes de Aliança increpan a los musulmanes por la calle ni hay pintadas en las paredes contra ellos. De hecho, las únicas pintadas o pegatinas visibles son para mostrar su oposición a la formación de extrema derecha. Tampoco en las escuelas o en el instituto, según diversas fuentes consultadas, la tensión política ha llegado a las aulas. Como máximo se oye algún comentario diciendo "cada vez son más" o "al final serán todos marroquíes", pero siempre de forma indirecta, según detallan chicas de origen marroquí que trabajan en el sector de la hostelería.
La batalla se libra en las redes, donde Orriols ha encontrado el medio perfecto para esparcir su discurso xenófobo. "Publica fotos de nuestras mujeres o madres con el velo sin su permiso, violando su intimidad, y no lo han denunciado porque ellas nunca se quejan de nada", señala Bahloul, quien critica esta intromisión. "Que cada uno vista como quiera", espeta ante los reproches constantes en el velo de Orriols, que denuncia que las mujeres "se tapan el pelo para no provocar ni ofender a los hombres". Al principio él le respondía por las redes, pero ahora ya se ha cansado: "Ya no le hago caso porque todo el día esparce mentiras y no cambiará".
Pero el desembarco de Aliança sí ha tenido algunas consecuencias en el día a día. Los musulmanes denuncian que ahora todas las ayudas tardan más en llegar. Si antes las ayudas para las actividades extraescolares llegaban en junio, ahora llegan en septiembre, y si antes el trámite de empadronarse no tardaba más de un par de días, ahora se demora lo máximo posible, o sea, tres meses. "Se trata de poner todas las trabas posibles", coinciden todos los entrevistados.
Orriols se alababa esta semana de haber desestimado una treintena de peticiones de padrones de inmigrantes en situación irregular y de desempadronar un centenar más. Francisco Campayo, jefe de la policía local de Ripoll, reconoce que el nuevo gobierno ha hecho hincapié en fiscalizar el empadronamiento. Los datos, a los que ha tenido acceso el ARA, hablan por sí solos. Las 50 comprobaciones de padrón del 2023 se han multiplicado por cuatro, hasta las 208 en el 2024. "El anterior gobierno nos manejaba poco y ahora se le da mucha importancia", expone. También han aumentado las inspecciones por sobreocupaciones de pisos (de la treintena que se han realizado se han sancionado 21) y las peticiones por expulsar a inmigrantes sin papeles. "El año pasado se expulsó a uno de ocho, y ahora hay una petición sobre la mesa", expone mientras revela que no tienen registrado el número total de irregulares.
Campayo asegura que los simpatizantes de Orriols la votan por la inseguridad de que ella denuncia que se vive en las calles y no por el tema nacional, y lo ejemplifica con el hecho de que en las municipales, en el barrio de Sant Pere, donde vive buena parte de la inmigración andaluza, Aliança ganó en todas las mesas, y que a las catalanas ganó el catalán. Pero los datos también rebaten que los índices sean ni mucho menos alarmantes: "No hay inseguridad, sino hechos puntuales, pero si hay un robo se magnifica porque todo el mundo se entera", dice el agente, que recuerda que en todo el 2024 solo hubo dos robos con violencia. En este sentido, Orriols sacaba pecho el viernes por haber reducido un 70% los robos con violencia, pero escondía que en el 2023 sólo hubo 7. "La única vez que me robaron y me arrancaron un colgante fueron unas sudamericanas, no se puede decir que todo lo hacen de los marroquíes", no lo hacen los marroquíes. Sin embargo, Orriols nunca critica a este colectivo, que configuran unas 700 personas, y que Campayo deja claro que también originan algunos conflictos.
La sombra del 17-A
Pese a que no pueden hacer inspecciones en la mezquita porque es competencia de la Policía Nacional y los Mossos, Campayo asegura tener contacto con los imanes para resolver cualquier queja: "Algunos vecinos nos llamaron porque los chavales jugaban en la calle fuera de las mezquitas por las noches durante el Ramadán y hablamos y el problema se resolvió de inmediato". El jefe de la policía también coincide en que sin el 17-A Orriols no habría ganado las elecciones: "Hidió mucho daño a que hubieran nacido aquí y que nadie de la comunidad alertara de lo que planeaba el imán".
Agustí Dalmau, el archivero del Museo de Ripoll, dice que a raíz del 17-A una parte de la gente se ha vuelto "racista" y que Orriols es "la consecuencia de los atentados". También añade un componente demográfico: "Es un lugar de montaña donde hace 25 años los de fuera eran contados, y aquí la gente, que es muy conservadora, no se ha acostumbrado a que, de repente, hayan venido tantos inmigrantes". Y el problema de fondo es que cada comunidad va a lo suyo, con pocas sinergias y contadas excepciones que sólo hacen que cronificar a los guetos. Esto es lo que intenta combatir a Carme Brugarola desde la asociación Teixim Ripoll, que augura un futuro peor por la marcha atrás en la moción por "interés político" de Junts: "Se han roto lazos y el ambiente se ha enrarecido porque la extrema derecha es lo que busca, y ahora, desgraciadamente, lo seguirá haciendo".