Monarquía

Felipe VI busca perdonarse con Catalunya

El monarca menudea sus visitas y evita ninguna referencia política para rehacer puentes

BarcelonaNo hace tanto el independentismo veía en Felipe VI un potencial mediador en el conflicto político con el Estado, pero no solo no asumió nunca este papel, sino que dinamitó todos los puentes con su discurso del 3 de octubre de 2017 en el que avaló las cargas del día del referéndum y la mano dura que Rajoy dispensaba al Procés. Cuando faltan pocos meses para el quinto aniversario de aquella alocución que marcaría un antes y un después en sus relaciones con Catalunya, el rey ya hace un tiempo que ha rebajado el tono sobre la realidad catalana en un intento de rehacer puentes. Felipe VI busca la rehabilitación.

La estrategia que ha escenificado con Catalunya al menos en los dos últimos años tiene dos partes: visitas menudeadas –acompañado también de sus hijas– y, sobre todo, discursos sin grandes alusiones políticas, por no decir ninguna. En definitiva, un tono más bien plano para evitar cualquier polémica. El último ejemplo fue el lunes en la entrega de los premios Princesa de Girona –celebrada en Cornellà de Llobregat–, donde lo más significativo de su discurso fue que usara un buen rato el catalán –también la princesa Leonor–, sin hacer ninguna referencia a términos anteriormente mucho más presentes como la unidad, la convivencia o la Constitución. El contraste es muy evidente si vamos al discurso que hizo tres años atrás –2019– en la misma gala, donde avisó de que en la realidad catalana "no pueden tener cabida ni la violencia, ni la intolerancia, ni el desprecio a los derechos y las libertades de los otros". Aquel día en la calle se sucedían las protestas contra su presencia. En Cornellà no se dejó ver ninguna.

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El cambio desde el discurso del otoño de 2017 ha sido progresivo. Las primeras veces que volvió a Catalunya, a pesar de evitar la dureza en el tono del 3-O, siguió insistiendo en los mensajes políticos. Lo hizo la primera vez, en febrero de 2018, cuando en una reunión con empresarios defendió el mensaje que unos meses antes todavía había inflamado más el conflicto. Los días antes del juicio del 1-O, también se posicionó claramente junto a los jueces al proclamar que no era "admisible apelar a una supuesta democracia por encima del derecho", añadiendo que "sin respeto a las leyes no existe ni convivencia ni democracia".

El punto de inflexión

Es difícil situar exactamente el punto donde empezó a cambiar todo, pero en su discurso de Navidad de 2019, en plena negociación entre el PSOE y ERC para hacer presidente a Pedro Sánchez, dio el visto bueno al "entendimiento", con la coletilla de que había que respetar siempre la Constitución. Este 2022 se ha confirmado la plena apuesta por no ofender a nadie más: visitas al Mobile, al Cercle d'Economia y a los premios Princesa de Girona –por citar solo algunos ejemplos– sin ninguna referencia política e incluso con algún requiebro por su "querida" Barcelona.

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Desde la Casa del Rey se guarda cautela a pesar de la evidencia del cambio. Fuentes de la institución defienden que no pueden entrar "en valoraciones respecto a climas sociales". Hacerlo sería tanto como admitir que el rey ha aceptado modular su discurso desde aquel otoño de 2017. "Cuando llegan las propuestas [de viajar a Catalunya] se aceptan si se considera apropiado, se comunica al Gobierno español y adelante", concluyen las mismas fuentes. Desde la Moncloa también evitan hacer grandes valoraciones, a pesar de que en 2021 también maniobró para intentar reconectar al rey con Catalunya, con un conjunto de visitas con Pedro Sánchez los días antes de los indultos. A Sánchez también le interesaba entonces enterrar la polémica que había abierto con el rey al vetar un acto suyo en Barcelona de entrega de despachos judiciales.

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En esta estrategia de rehabilitación, el rey no podrá contar con las instituciones catalanas, al menos las principales. La Generalitat y la alcaldesa de Barcelona siguen ausentándose de los actos organizados por la Casa Real –el lunes no estuvieron en Cornellà– y los premios Princesa de Girona siguen teniéndose que entregar lejos de la ciudad que les da nombre, puesto que se niega a ceder ningún espacio a la monarquía. Fuentes de la Generalitat aseguran que todos los encuentros entre el president Aragonès y el rey han sido "breves y protocolarios" y que la reconciliación no ha estado nunca en ninguna conversación. Difícilmente esta Generalitat estará interesada en ello.

Una explicación del cambio

El historiador Joan B. Culla apunta cuál puede ser uno de los motivos de este cambio. No es ningún otro que en una monarquía constitucional tiene que haber "una sinfonía" entre el jefe del Estado y el gobierno de turno. "El discurso del 3-O es de la época de Mariano Rajoy, la fase del "A por ellos" y los piolines, mientras que los discursos de los últimos tiempos corresponden a la fase de Pedro Sánchez y del diálogo", dice. A pesar de que es imposible tener la certeza absoluta, se pregunta si, además, "alguien con el paso del tiempo le ha hecho ver que aquel discurso [el del 3-O] fue devastador por la imagen de la monarquía". "Tanto, que tiene que dar los premios Princesa de Girona fuera de Girona", resume. Y, aunque lo vea más bien "anecdótico", apunta la cierta eficacia que pueden tener las visitas también menudeadas de Leonor y su catalán: "A diferencia de su padre y de su abuelo, lo habla con un acento y prosodia impecables".

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El filósofo Josep Ramoneda detecta, al menos en los últimos años, una monarquía "plana" que solo se salió del guion sobre todo un día y que, además, escogió mal. "Se creyó que el 3-O era su 23-F y se equivocó. No supo situarse ni capitalizar un mínimo la situación", concluye. Desde entonces, interpreta que ha cultivado un "perfil bajo" porque "ha visto los efectos negativos de ponerse en primer plano". Y tiene un problema añadido que no tiene nada que ver con Catalunya y que, según Ramoneda, también le debe de aconsejar el bajo tono: "Tiene esta sombra de su padre que es una enmienda a la totalidad de la monarquía".