Junqueristas contra críticos: ¿qué bando tiene más opciones de ganar la batalla?

BarcelonaLa batalla entre los junqueristas y los críticos, los partidarios del cambio de liderazgo dentro de ERC, marcará la política catalana (y la española) en los próximos meses hasta que se llegue a un desenlace final. El conflicto está servido si todo el mundo mantiene sus posiciones de entrada: de momento Oriol Junqueras no tiene previsto dar un paso al lado, como le reclaman los críticos, y la opción de una candidatura de consenso está lejos. Lo que tenemos, pues, son dos bandos enfrentados, cada uno con fortalezas y debilidades. Veámoslo.

A favor de Junqueras

Un líder conocido que pide una oportunidad después de pasar por la cárcel

No cabe duda de que Oriol Junqueras tiene partidarios dentro de ERC, es un líder popular entre las bases del partido y tiene un nivel de conocimiento en el conjunto de la sociedad catalana cercano al 100%. Con él el partido ya salió del ostracismo en una ocasión (2012) y ahora reclama una segunda oportunidad (porque nunca se ha vuelto a presentar como candidato efectivo a la presidencia de la Generalitat) tras pasar por la prisión y de haber sido excluido de cualquier cargo público a causa de la inhabilitación.

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Las encuestas le situaban hasta hace poco como el político catalán mejor valorado por la ciudadanía –es el que mejor nota tiene entre el electorado de ERC y además no le penalizan las notas que le ponen electores de otros partidos, porque, al contrario de Carles Puigdemont, es un líder que no provoca rechazo entre el electorado unionista de izquierdas–. La red de contactos que ha ido tejiendo ya desde la cárcel es también un activo, así como su capacidad para absorber conocimientos y hacerlos llegar a la ciudadanía de manera pedagógica.

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En contra de Junqueras

Un líder quemado por el Proceso y con mala relación con medio partido

En contra de Junqueras juega sobre todo la polarización que provoca su figura dentro de un sector del independentismo que no ha terminado de entender su papel ni en octubre del 2017 ni después. Esto hace que ERC lo tenga especialmente difícil con él para seducir a la parte del independentismo descontenta con la gestión del Procés y que considera que hay que renovar los liderazgos y hacer tabla rasa.

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La carta de Marta Rovira donde avala esta tesis es lo que ha equilibrado la balanza entre ambos sectores y hace que el resultado de la batalla sea muy incierto. Que te abandone la persona con la que has hecho tándem durante tanto tiempo nunca puede ser una buena noticia para Junqueras, que durante todo el tiempo de gobierno republicano ha generado muchos anticuerpos entre miembros del ejecutivo, empezando por Pere Aragonès, que consideraban que su actitud era desleal. Esto hace que en estos momentos tenga muchos detractores entre los cuadros del partido, especialmente los que han participado en el Govern.

A favor de los críticos

La idea de hacer tabla rasa ha calado entre las bases

Los opositores tienen a favor la poderosa corriente de opinión favorable a hacer tabla rasa y buscar caras nuevas para la nueva etapa. Y sobre todo cuenta con la fuerza del ejemplo de Pere Aragonès y de Marta Rovira, que han asumido en primera persona las responsabilidades por el descalabro del 12 de mayo.

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El proyecto renovador, si toma cuerpo, tendrá a favor que podrá empezar de cero, sin herencias del pasado ni las heridas personales abiertas durante el Procés entre los distintos actores políticos. Todo el mundo sabe que la figura de Junqueras no facilita ahora mismo ni un entendimiento con Junts ni con el PSC debido al rechazo que provoca entre los dirigentes de estos partidos.

En contra de los críticos

Son responsables del 12-M y no tienen un líder visible

La gran paradoja del sector anti-Junqueras es que son tanto o más responsables que él de la derrota electoral, por tanto no pueden presentarse como nuevos ni renovadores. Los miembros de Palau que mueven los hilos de la maniobra para descabalgarlo aún no han asumido ninguna responsabilidad y se sitúan detrás de las figuras de Aragonès y Rovira, a la espera del desenlace final. Su gran handicap es que no tienen un líder visible, alguien de peso que pueda hacer frente a Junqueras y ser una verdadera alternativa. No será fácil encontrar ese perfil, porque hay toda una generación de políticos que han quemado en la gestión del Govern, y el único alcalde potente que le queda a ERC es Marc Aloy, de Manresa, que no parece que esté por la labor.

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Además, los críticos tienen otro problema. Cuando Junqueras abandone la ejecutiva tendrán que pilotar ellos las negociaciones de la investidura y tomar una decisión muy comprometida: forzar o no una repetición electoral. La lógica indica que ERC no puede ir a elecciones con el conflicto sin resolver, y por tanto se vislumbra que podrían facilitar la investidura de Salvador Illa (que además jugaría con esta debilidad de los republicanos para ofrecer poco a cambio). Si los críticos dan ese paso, le podrían estar allanando el camino a Junqueras, al igual que ocurrió con Pedro Sánchez en el PSOE cuando el partido decidió investir a Mariano Rajoy.