León XIV deja el listón muy alto

MadridEra evidente que esto no podía durar. El viaje del Papa a España ha tenido un gran éxito, por la claridad de los mensajes —los espirituales y los políticos—, la buena organización y la atención con que se ha seguido por todas partes. Pero este clima de intensa convocatoria a la concordia y el trabajo a favor del bien común, desde la unidad, quedará vinculado a efectos internos con el recuerdo de una etapa en que el país vivió atrapado en una realidad de desconcierto continuo. León XIV, es innegable, ha dejado el listón muy alto, tan elevado como la cruz que corona la torre central de la Sagrada Familia. La palabra clave de este viaje ha sido dignidad, la concepción de la persona como titular de derechos inalienables e irrenunciables, merecedora del máximo respeto. Querría creer que, por eso, el aplauso en el Congreso duró casi siete minutos, porque en el hemiciclo exista un mínimo común denominador sobre la relación que la cámara debe tener con los ciudadanos.

Seguro que el pontífice no ha predicado en el desierto, que sus palabras han tocado el corazón de muchos hombres y mujeres que se sentirán profundamente influidos por las apelaciones contenidas en las homilías y los discursos pronunciados. Pero el mismo León XIV nos habló de la distancia que a veces existe entre la idea y la realidad. Lo que queríamos los que éramos adolescentes, o muy jóvenes, durante la Transición del franquismo a la democracia no es la evolución del sistema que se está produciendo. No seremos pocos los que nos sentimos arrastrados por las circunstancias, decepcionados por los comportamientos de unos y otros, y necesitados de recuperar la fe —y aquí no hablo de virtudes teologales—, o al menos la confianza en los que nos han de dirigir como sociedad.

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Por eso mismo me agarro a las palabras del Papa en las Cortes, considerándolas un refugio y una esperanza. Robert Prevost no hizo ningún juego de manos ante los diputados y senadores, les habló endulzando su sinceridad. Encontramos aquí al sacerdote y discípulo de san Agustín de Hipona que va dentro de sus hábitos actuales de papa de Roma. Los efectos que consiguió los tenemos expuestos por el mismo padre de la Iglesia en su gran obra, Las confesionesDisfruté mucho de la sonrisa de León XIV al final de su discursoDisfruté mucho de la sonrisa de León XIV al final de su discurso, cuando se quedó de pie junto a Francina Armengol, la presidenta del Congreso, durante aquellos siete minutos de aplausos. El Papa habría podido iniciar entonces algún gesto para extinguir aquella llamarada parlamentaria, pero los dejó hacer. Veía a los populares batiendo las manos con entusiasmo —como si acabaran de ganar una votación fundamental, quién sabe si la soñada investidura de Feijóo—, mientras los socialistas intentaban seguir el mismo ritmo con la expresión más relajada, como si celebraran que una vez más sus adversarios se hubieran quedado a un paso de la meta, sin alcanzarla. Ay, san Agustín, qué acertado, en aquel capítulo VI.

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El discurso del pontífice en el Congreso ya había tenido un prólogo claro y directo el día de su llegada, cuando se dirigió a las autoridades en el acto de bienvenida encabezado por Felipe VI y su familia, en el Palacio Real. En un párrafo virtuoso, dijo primero "vengo entre vosotros para confirmar, alentar e inspirar una fidelidad renovada de los creyentes al Evangelio", pero añadió que también quería instar "una reconciliación y una cooperación más profundas entre las diferentes fuerzas de esta nación". Como es obvio, León XIV no vino a España para apuntalar a Pedro Sánchez, ni la continuidad del líder socialista depende exclusivamente de su política de inmigración, y a favor de la preservación de la paz y el respeto al derecho internacional. Estas opciones encuentran un apoyo mayoritario en la sociedad española y sin duda harán que el PSOE siga teniendo un papel protagonista en los equilibrios de poder tras las próximas elecciones. La opción socialdemócrata seguirá entre las principales fuerzas políticas, mientras constato que se ha abierto bajo sus pies un gran pozo de desconfianza.

La corrupción

lo que ha significado la apertura de una nueva pieza sumarialfontanera Leire Díez y los empresarios que los rodearon. La militancia socialista está desolada, asustada, abatida e incrédula. Y los votantes, buscando la luz para encontrar la salida. Cada vez es peor que la anterior. En vía judicial puede ser importante que se anulen las grabaciones que hizo la agencia de seguridad norteamericana referida a la supuesta intervención de Zapatero para favorecer la obtención de ayudas a la compañía aérea Plus Ultra. Pero políticamente hace tanto o más daño la tasación de las joyas encontradas en la caja fuerte de su despacho de expresidente, por valor de 1.323.915 euros, lo que ha significado la apertura de una nueva pieza sumarial por los presuntos delitos de fraude fiscal y contrabando.

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Aparto la vista de este pozo. Me quedo con Gaudí y la Sagrada Familia. Viví al lado durante mi infancia, mientras estudiaba en los claretianos, en el mismo barrio. Me satisface mucho que el Papa hablara tantas veces en catalán y que siguiera el canto del Virolai en Montserrat leyendo la letra mientras movía los labios. Valoro que exhortara a los obispos a hacer frente a la "plaga" de la pederastia y obtener "cambios reales de sanación", y lamento que no recibiera más víctimas. Agradezco el buen trabajo hecho por los cardenales Omella y Cobos, y por el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, decisiva para el éxito del viaje papal. Y rezo para que el eco de las palabras de León XIV en España tarde mucho tiempo en apagarse.