Un "monumento a la identidad catalana" siempre en discusión
La simbología política y social de la basílica trasciende la religiosidad
BarcelonaQue la Sagrada Familia tiene en sí misma una fuerte carga política lo ha demostrado esta misma semana la polémica sobre el uso del catalán en la bendición de la torre de Jesucristo por parte del papa León XIV el próximo 10 de junio. Ya lo decía el poeta Joan Maragall en 1905 en un artículo en el Diario de Barcelona: "La Sagrada Familia es el monumento de la identidad catalana en Barcelona, es el símbolo de la piedad eternamente ascendente, es la concreción en piedra del anhelo hacia la altura, es la imagen del alma popular". La simbología de la obra de Antoni Gaudí tenía desde sus inicios un mensaje político y social, no solo religioso. Entronca con la personalidad única del arquitecto, un hombre catalanista de raíz, conservador e implicado en el catolicismo social.
El templo expiatorio surgió de la iniciativa del librero Joan Bocabella y de la Asociación de Devotos de San José para honrar al santo, así como a la Virgen María y a Jesucristo, la familia de Nazaret que la Iglesia quería vender en aquel momento como el ejemplo del trabajador cristiano. Su pistoletazo de salida fue en 1882, en pleno auge del catalanismo pero también del obrerismo revolucionario y del liberalismo positivista, y si en un primer momento estaba gestionada por la asociación de Bocabella, desde 1895 el rumbo de la construcción quedó en manos de la diócesis de Barcelona, que constituyó la Junta Constructora, presidida siempre por el obispo o arzobispo pero con vocales y patronos de la sociedad civil.
El doctor en ciencias bíblicas Armand Puig, asesor del templo, comenta que Gaudí comparte los objetivos de la Renaixença como "despertar cultural del pueblo" catalán siguiendo la tríada de "fe, patria y amor", pero la basílica también tiene una parte social. "Gaudí siempre trabajó para acabar con los peligros de la violencia, el pecado de los obreros, y la avaricia, el pecado de los patronos, y lo plasma en la portada del Rosario de la Sagrada Familia, donde se ve un obrero que quiere tirar una bomba Orsini como la del Liceo [lanzada en 1893] y mira hacia la Virgen María para buscar protección y no tirarla, mientras que al otro lado hay una persona y un saco cargado de dinero con un demonio".
En el ámbito político, la profesora de historia del arte de la Universidad de Barcelona Teresa Montserrat Sala asegura que el templo tiene la misma lógica que el Sagrado Corazón de París, templo ultracatólico que empieza a edificarse en 1875 para "redimir los pecados de la Comuna de París", la época revolucionaria y el alejamiento respecto a la Iglesia. "La Sagrada Familia también es un templo expiatorio de los pecados, de la violencia, de las bombas...", remacha. Pero Sala remarca que también se pretende "defender un modelo de familia".
En el mismo sentido, el profesor de historia de la UB Giovanni Cattini afirma que la basílica es "una pieza más en la construcción del imaginario simbólico catalanista que se ha de leer en el Modernismo, la culminación de lo que busca un sector católico" y la reconfiguración de la "plasticidad catalana". A su parecer, no se puede desligar la basílica de su contexto: el sexenio revolucionario en España, el crecimiento del republicanismo ateo y una sociedad más descristianizada. En el siglo XIX, hubo muchas "campañas de recristianización", que se impulsaron con movimientos como el de León XIII con el culto mariano por el milenario de Montserrat, la reivindicación del legado arquitectónico de Ripoll o el impulso de la Sagrada Familia.
Inspiración
Puig también ve que la patria pequeña, el Camp de Tarragona, y "la gran patria", Cataluña, están siempre presentes en la obra de Gaudí, como en el pesebre y la manera de celebrar la Navidad en el Principado en la fachada del Nacimiento. Pero su papel en política fue claro: "Cuando le proponen ir en listas con la Lliga, responde a Enric Prat de la Riba que él sirve a Cataluña con la arquitectura". Justicia social, paz social y la ausencia de violencia son tres claves de su concepción del mundo, con el papa León XIII y su Rerum novarum, La visión artística y religiosa de GaudíDe hecho, Gaudí había manifestado "adhesión" y había visitado en la cárcel a Prat de la Riba por su catalanismo. "En 1920 le abren la cabeza en un homenaje al mariscal Joffre [catalán del norte y héroe de la Primera Guerra Mundial, reivindicado por el catalanismo] y la policía lo detiene en 1924 cuando quiere ir a la misa del Once de Septiembre y se niega a hablar en castellano con la policía", añade Cattini.
Sala ve en la obra de Gaudí "el catalanismo arraigado en lo que significa construir país", en este caso "una Biblia en piedra". Pero también recuerda el compromiso personal de Gaudí, que "no dejó de hablar nunca en catalán incluso durante la dictadura de Primo de Rivera". El posicionamiento político del arquitecto es meridiano, como se vio con una conversación con el rey Alfonso XIII: "Se dirigió a él en catalán, salió en los diarios. Era un catalanista como Domènech i Muntaner, pero de corte conservador", sostiene. Imbricado en la hermandad de artistas que trabajan al servicio de la religión, Gaudí también suscribe el lema del catalanismo católico conservador del obispo de Vic Josep Torras i Bages: "Cataluña será cristiana o no será".
Evolución
Lo que es hoy en día la iglesia más alta de la cristiandad, en sus inicios costó salir adelante y "tarda tanto en hacerse porque no tiene el reconocimiento de ahora", según Cattini. Prueba de ello es que Maragall se quejaba hace 121 años de que se estaban "acabando los recursos para continuar la obra" y avisaba que una paralización sería "más funesta que aquella en la que estalla una bomba en la vía pública o aquella en la que se deben cerrar cien fábricas" porque "un pueblo sin identidad no es nada ni tiene derecho a nada". Después de la muerte de Gaudí, sus continuadores continuaron la obra hasta el incendio del taller en 1936 por parte de un escuadrón anarquista. Se quemaron maquetas y documentos que tardaron años en ser reconstruidos. El franquismo de los años cincuenta intentó apropiársela –durante el Congreso Eucarístico Internacional de 1952 acogió una misa multitudinaria– y se fueron retomando las colectas para continuar la obra que, finalmente, desde los noventa, se han acelerado gracias a su atracción turística. La continuación del templo, sin embargo, siempre ha sido también motivo de controversia política entre izquierda –generalmente crítica– y derecha –a favor de seguir la obra–, que se ha reflejado con el trato que ha recibido por parte de los diversos ayuntamientos. Ahora mismo, sin embargo, esta división no está tan clara. Fue con el gobierno de Ada Colau que se consiguió pactar la licencia de obras del templo, y la misa que oficiará el papa será la primera a la que asistirá oficialmente Pedro Sánchez desde que es presidente del gobierno español.
El filósofo catalán Francesc Pujols, el mismo que decía que "vendrá un día que los catalanes yendo por el mundo lo tendremos todo pagado" escribió en 1927, La visió artística i religiosa d’En Gaudí, texto en el que defendía al arquitecto y decía que la Sagrada Familia sería "el canto del cisne del catolicismo". No se puede decir que haya sido muy visionario. Por lo menos, los catalanes todavía tienen que pagar.